una revolución que no evoluciona

Y es que este dos mil veintiuno se memora el primer centenario del descubrimiento de lo que fue una auténtica revolución terapéutica. “Para caer en la cuenta de su relevancia, basta rememorar que ha solucionado la vida y eludido la muerte directa a personas con diabetes desde mil novecientos veintiuno”, señala a MUY Josep María Suñé, catedrático de Farmacia Galénica y directivo del Departamento de Servicio de Desarrollo del Fármaco de la Universidad de Barna. “Sin el descubrimiento de la insulina como tratamiento, el cada día actual de los pacientes sería muy distinto”, opinan del mismo modo desde la Federación De España de Diabetes (FEDE). Ahora bien, se trata de una revolución que, como se va a ver más adelante, se resiste a evolucionar en ciertos aspectos.

Mas, ya antes de ello, es conveniente examinar su transcurrir histórico. Tal y como recuerda la FEDE en su campaña “100 años con insulina”, los primeros diagnósticos de la enfermedad datan de hace más de 2 mil años, si bien se ignoraba a qué se debían los síntomas comunes que experimentaban los perjudicados. Y, sobre todo, de qué forma podía ser abordada. El “antes y después” llegó en el mes de agosto de mil novecientos veintiuno, cuando los estudiosos canadienses Frederick Banting y Hables Best lograron aislar insulina de páncreas de animales para tratar a un cánido con diabetes, y reducir en 2 horas sus niveles de azúcar en sangre. Una investigación que no fue publicada hasta mil novecientos veintidos.

Un par de años después, Banting y Best recibían el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por su trabajo. No sin polémica, dicho sea de paso, por las críticas de una parte del jurado de estos galardones –diecinueve profesores del Instituto Karolinska de Estocolmo, por entonces– al estimar que se habían “aprovechado” de una serie de estudios precedentes de otros científicos que no iban a ser reconocidos.

Merced a la implicación de 2 compañías farmacéuticas, una europea y otra estadounidense, la insulina pudo generarse en masa y extenderse de forma rápida por todo el planeta. Mientras que, los avances en la mejora de este tratamiento siguieron durante las próximas décadas. Por servirnos de un ejemplo, en mil novecientos treinta y seis, en Dinamarca, Hans Hagedorn, Norman Jensen y N. B. Kraup consiguieron que su acción fuera más prolongada. Otro hecho destacable tuvo lugar 3 décadas después, cuando en mil novecientos sesenta y cinco los científicos Helmut Zahn y Johannes Meienhofer sintetizaron por vez primera insulina de origen humano, y, merced a ello, se dejó de depender en exclusiva de la de origen animal.

Desde ese momento, son otras muchas las evoluciones que ha experimentado la insulina y, por consiguiente, el abordaje de la diabetes y la optimización de resultados. De forma paralela, se halla la propia evolución de los dispositivos diseñados para su administración. En un resumen muy general, se ha pasado de las jeringuillas que demandaban la inoculación por la parte de los sanitarios a una múltiple pluralidad de dispositivos de simple empleo que dejan la inyección –punción– por el propio paciente, como la regulación de las unidades que se deben aplicar o bien el ajuste de las dosis. Esta mayor sencillez se ha traducido en unas tasas de adherencia terapéutica muy triunfantes.

La meta, no obstante, es parar de depender de una vez de las inyecciones. Y es acá donde apenas se ha evolucionado desde hace 100 años. No se han conseguido desarrollar nuevas opciones alternativas que eviten la administración exclusiva por vía parenteral –inyección subcutánea–, como serían los métodos orales. “Hasta ahora, todos y cada uno de los estudios y también investigaciones centrados en generar presentaciones orales de insulina a través de nanotecnología y microcápsulas que lleguen al estómago y también intestino no han dado resultado por el hecho de que, en los dos órganos, la insulina se rompe absolutamente. Si bien se terminará consiguiendo”, confirma, con dosis de optimismo, Suñé.

Últimamente, especialistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han concebido una cápsula capaz de solucionar el inconveniente mencionado, mas, por el momento, la prueba solo ha sido efectuada en cerdos. Dicho de otro modo, no asegura nada aún con respecto a una posible réplica triunfante en humanos. Quedaría, en cualquier caso, un largo camino para revisarlo. 3 o bien 4 años por lo menos, conforme explican los propios estudiosos.

A pesar de la tónica general de intentos infructíferos, “se ha estudiado y se prosigue estudiando mucho en la busca de otras vías de administración que no sea la parenteral”, confirma Suñé. Por poner un ejemplo, sí dio resultado positivo una aplicación por vía intranasal –aspirando– que dejaba la absorción por medio de los pulmones. “Incluso se llegó a comercializar por una compañía. Lo peor es que solo duró un año en el mercado; no compensaba económicamente”, confirma este catedrático. Ojalá no deban pasar otros 100 años a fin de que el abordaje de la diabetes nos regale el aguardado avance.

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