¿Tiene sentido estudiar filosofía hoy en día?

Desde sus comienzos, la filosofía cobra singular sentido donde hay enfrentamiento, contradicción, encuentro entre diferentes, choque. No semeja casualidad que los testimonios de los primeros pensadores nos remitan a la urbe griega de Mileto, en la costa egea de Asia Menor, que en el siglo VI a. C. tenía un rebosante intercambio comercial con pueblos foráneos y, por consiguiente, estaba sobrada de enfrentamientos culturales. Allá se sitúa a los primeros pensadores que han recibido el nombre de pensadores: Anaximandro, Semejantes y Anaxímenes.

En un planeta variable, los viejos helenos utilizaron la filosofía como una herramienta para poner en orden todas y cada una esas costumbres, saberes y sistemas políticos en crisis. Exactamente el mismo destino dialéctico, de enfrentarse y alimentarse, es el que corren las diferentes filosofías hoy, que procuran dar cara a los inconvenientes como han llegado a nosotros.

¿Están en exactamente el mismo plano un aborto que un asesinato? ¿Podemos conocer el origen del Cosmos? ¿De qué manera saber qué es lo justo? ¿Deberíamos emplear la fuerza armada contra un país que ha invadido inmerecidamente a otro? ¿Tiene sentido y finalidad la vida humana? ¿Podemos conocer la realidad o más bien la edificamos?

Estas preguntas, y otras muchas que escapan al dominio científico, podemos responderlas de forma improvisada, guiándonos por nuestras creencias y sentimientos, o sea, con filosofías de poca calidad. Asimismo podemos hacerlo de forma sistemática, desde una filosofía estricta y fundamentada en buenos razonamientos, como andamios, siempre y en toda circunstancia revisables.

Para edificarse, la filosofía crítica y estricta, que aspira a ser objetiva, demanda examinar el presente y tener muy cerca a sus amigas más precisas, las ciencias, que ofrecen conocimientos fiables sobre pequeñas parcelas del planeta en incesante cambio.

Con su saber especializado, las ciencias (que asimismo son muchas y no una) alimentan a la filosofía de conocimientos precisos para proseguir edificando el mapamundi de la realidad, que va a chocar con otros saberes, tanto científicos como no científicos, en un proceso sin fin.

Cada nueva teoría, hipótesis, descubrimiento o tecnología, lleva consigo nuevos retos, ciertos de ellos filosóficos. Y así es como los nuevos conocimientos suman, a la lista de temas tradicionales, nuevos elementos de interrogación y reflexión filosófica. Tiempos nuevos, inconvenientes nuevos.

Mas si, como afirmamos, deseamos examinar el presente, ¿tiene sentido estudiar a los autores del pasado?

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