The Witcher y Geralt de Rivia ¿en libro, juego o bien serie?

Imagen: Alamut.

‘La saga del brujo’, de Andrzej Sapkowski

Comencemos hablando con lo que ha de ser considerado como el material original del que proceden el resto de productos: los libros.

La Saga del hechicero de Sapkowski está formada por 7 libros primordiales (El último deSeo, La espada del destino, La sangre de los elfos, Tiempo de odio, Bautismo de fuego, La torre de la golondrina y La dama del lago) y una precuela (Estación de tormentas) que relata historias independientes en el mismo cosmos que el resto de libros y con ciertos personajes relacionados o bien en común.

El creador empieza su historia como un recopilatorio de relatos breves en los que proseguimos a Geralt de Rivia a lo largo de sus viajes como hechicero y vamos conociendo a los personajes que van a ir transformándose en indispensables, mas conforme la trama avanza los libros van ganando cohesión y se transforman en una narración más tradicional y que se centra en la lucha de Geralt por cumplir su destino. Esta primera estructura dividida en relatos independientes hizo que, a lo largo de años, se pensara que Sapkowski fue edificando su saga sobre la marcha y que no tenía planeado crear una sola rama central en la historia (lo que ha sido negado por el propio autor).

Exactamente es esta forma de enlazar historias sin un orden aparente y de de qué manera cambian los escenarios, personajes y enfrentamientos de una para otra lo que hace de los primeros libros una narración vibrante que engancha con sencillez y establece los pilares más esenciales de la saga y del protagonista. La faceta de indigente y mesnadero de Geralt y su predisposición a tomar parte en disputas y cuestiones que solo le afectan de forma tangencial se hacen prácticamente palpables con estos relatos, que marchan en especial bien en El último deSeo y La espada del destino. Una vez se presenta a Cirilla, la co-protagonista, todos y cada uno de los caminos comienzan a redirigirse en un solo camino y la historia comienza a tener avatares conforme el instante de los libros por el que se pase. Si bien la trama resulta completa y satisfactoria y Sapkowski nos obsequia ciertos momentazos imborrables en el periplo de Ciri o bien la infatigable busca de Geralt, la saga pierde fuelle desde la cuarta entrega y se comienza a hacer apreciar una cierta desviación del ritmo al que nos tenía habituados en los primeros tomos.

Aun con este detalle, que se hace apreciar más si miramos cada entrega de forma individual, la saga prosigue siendo un producto literario redondo que marcha y vale la pena concluir para poder verlo con determinada perspectiva. El estilo de Sapkowski es una maravilla, con sus descripciones al detalle y infestadas de metáforas tan ocurrentes como agradables, sus diálogos chispeantes y su empleo de la tensión y la acción en el que los crescendos llegan en el instante en el que deben llegar. A su forma, recuerda un tanto a Tolkien en una excesiva extensión en ciertas descripciones, su adaptación del paisaje europeo a su planeta y en sus claras referencias a mitologías europeas, cuentos populares y relatos míticos (como las leyendas artúricas). Por su lado, uno de los puntos fuertes de Sapkowski es que los episodios se leen desde puntos de vista muy dispares y que no siempre y en toda circunstancia son los de los protagonistas, aportando agilidad a la lectura y agregando un interesante aspecto social puesto que no es exactamente lo mismo saber lo que piensa un duque que un labrador.

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