Te quiero verde para vivir más tiempo

Además de esto, son abundantes los estudios que prueban que las áreas verdes asisten a atenuar la polución atmosférica y acústica, contribuyen a la atrapa de dióxido de carbono y mitigan el efecto ‘isla de calor’ que se da en muchas urbes debido al hormigón, asfalto y otros materiales. Todos estos factores derivan en rebosantes beneficios para la salud como un menor peligro de sufrir enfermedades cardiovasculares o bien afecciones respiratorias asociadas a la mala calidad del aire. La gaceta Lancet Planet Health termina de publicar una investigación que apunta más lejos y plantea un ranking de las urbes europeas con mayor mortalidad atribuible a la carencia de espacios verdes. Los autores, del Instituto de Salud Global de Barna, consiguieron datos de mortalidad por causas naturales y de niveles de espacio verde de cada una de las urbes estudiadas relativos por año dos mil quince. Más tarde, y basándonos en los resultados sobre asociación entre espacios verdes y mortalidad proporcionados por grandes meta-análisis publicados de antemano, estimaron el número de muertes por causas naturales que podría ser eludido si cumplieran con las indicaciones de la OMS (OMS) de acceso a espacios verdes: hasta cuarenta y tres cero fallecimientos por año.

Encabeza el listado, que se puede preguntar mediante esta web del ISGlobal, la urbe italiana de Trieste, seguida por Turín, Blackpool, Gijón y Bruselas. Si bien quizás pueda llamar la atención que, por poner un ejemplo, una urbe como Bruselas, que cuenta con enormes espacios verdes, aparezca en el listado, los estudiosos han querido reflejar el porcentaje de población que tiene acceso real a esas superficies: “Hemos analizado la cercanía de las viviendas a algún espacio verde siguiendo la recomendación de la OMS, que nos afirma que todos deberíamos tener un parque a menos de trescientos metros de casa”, nos explica Evelise Pereira, una de las autoras, en una entrevista telefónica. “Hay urbes, como Barna, que tienen mucha superficie verde, mas esta se halla en su mayor parte en la periferia, lo que pone a ciertas personas en situación de desventaja dependiendo del distrito donde vivan. En muchas ocasiones los espacios verdes no se hallan cerca de donde vive la gente, de forma que no producen beneficios para la salud”.

El propósito del estudio es enseñar esa distribución dispar en cada urbe, y por esta razón han utilizado una escala con cuadrículas de doscientos cincuenta metros. “La idea inicial es que cada ayuntamiento conozca dónde está esa desigualdad con relación al acceso a zonas verdes, y que en su contexto conozca cuál es el camino a continuar en el caso de estimar ampliar estos espacios”, nos explica la estudiosa.

El estudio llega en un instante en el que muchos ámbitos de la ciudadanía demandan propuestas para volver a diseñar el espacio público y crear ciudades más habitables y saludables. En esa línea, el proyecto europeo IN-Habit pretende transformar 4 pequeñas urbes europeas en laboratorios de ensayo para estudiar medidas que integren verdaderamente las periferias en las urbes y las transformen en agentes esenciales de la transformación urbana. Una de ellas es Córdoba, y en allá se ha escogido como hilo conductor el patrimonio arquitectónico y cultural que representan los patios andaluces. “Nuestra idea es controlar patios cordobeses con diferentes tipologías, arquitectura y flora para saber cuál es su comportamiento real en lo que se refiere a variables como la atenuación de la temperatura, manejo del agua, captación de dióxido de carbono, etcétera”, nos explica Mar Delgado, organizadora de IN-Habit en España y catedrática en el Departamento de Economía Agraria, Finanzas y Contabilidad de la Universidad de Córdoba. “Todos sabemos que en los patios se está más fresco, mas deseamos ver de qué manera las peculiaridades de cada uno de ellos contribuyen a aspectos como el confort térmico o bien el bienestar, a no depender del aire acondicionado en el mes de agosto o bien de la calefacción en invierno”.

Urbes inclusivas, beneficios para todos

Cuando charlamos de desigualdad en el acceso a zonas verdes, hay muchas barreras alén de la pura distancia desde el hogar. Por poner un ejemplo, una investigación últimamente publicado por científicos de la Universidad de Alcalá revelaba que las personas de los distritos más humildes de la villa de Madrid efectúan menos actividad física en los espacios públicos. Entre los factores que explican esta diferencia se hallan tanto la falta de seguridad percibida en estas zonas como la precariedad laboral de sus habitantes: las jornadas prolongadas en el tiempo y exigentes físicamente dejan poco margen para salir a caminar por el parque.

Otra de las acciones propuestas por el proyecto IN-Habit en Córdoba consiste en la renaturalización de múltiples patios en Las Palmeras, uno de los distritos con índices socioeconómicos más bajos de la urbe y con abundantes inconvenientes de exclusión social. “El prefijo ‘IN’ de IN-Habit procede de la palabra ‘inclusivo’: deseamos que la salud y el bienestar de las soluciones basadas en la naturaleza y otras acciones urbanas lleguen a todos y cada uno de los ciudadanos, asimismo a los más desfavorecidos”, nos explica Delgado. “Queremos introducir más flora en estos espacios, y no solo plantas ornamentales sino más bien asimismo comibles, como por servirnos de un ejemplo especies aromatizadas, hacer acciones para motivar a la gente joven a hacer ejercicio en los patios, y también investigar de qué forma estas acciones influyen en la salud y bienestar de los participantes”. En Lucca, otra de las urbes adscritas al proyecto, se marcha a proponer la creación de una suerte de ‘corredor para mascotas’ en el paSeo que recorre la muralla de la urbe vieja a fin de que pueda servir de sitio de encuentro entre personas que salen con sus animales. “En muchas urbes europeas la población está muy avejentada, y el hecho de tener una mascota empuja a las personas mayores a levantarse, asearse y arreglarse para salir a la calle a caminar y socializar”, medita la estudiosa. Contar con de esos espacios verdes en los que encontrarse y conversar es, por consiguiente, un requisito esencial para combatir la soledad y contribuir al bienestar de la población de mayor edad.

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