suplantados por seres de otros mundos

Al contar con un presupuesto más extenso, Kaufman pudo trasladar la acción del pueblecito en el que transcurría la película original a San Francisco, incrementando de esta manera la sensación de amenaza: la que está tomada es una de las primordiales poblaciones de E.U. y hay escenas escalofriantes que dejan claro el poder irrefrenable de los invasores: las vainas se cultivan a miles en invernaderos, y en el puerto son cargadas en grandes navíos para transportarlas a otros países. Esta versión dura bastante más que la original, con lo que hay tiempo de introducir nuevos personajes y situaciones, y de explicar puntos no clarísimos, como qué sucede con los cuerpos de los humanos cuando son reemplazados por los alienígenas. Y, sobre todo, no incluye el final feliz de mil novecientos cincuenta y seis, impuesto por el estudio contra la voluntad del directivo, Don Siegel, en la que el FBI halla pruebas de la invasión y contraataca.

En verdad, la película original iba a acabar con el protagonista solo, corriendo por la autopista de la ciudad de Los Ángeles y chillando enloquecido: “¡Están acá! ¡Usted es el próximo! ¡Y ! ¡Y usted…!”, sin que absolutamente nadie se detuviese a escucharlo. En la nueva versión, el actor Kevin McCarthy, protagonista de la precedente, aparece en la mitad de la calle, profiriendo exactamente los mismos chillidos, ya antes de ser arrollado. Tal y como si en todos estos años no hubiese dejado de procurar advertirnos de la amenaza exterior .

El mérito del término de La invasión de los ultracuperpos es que no precisa ovnis, ni rayos láser, ni tan siquiera alienígenas creados con efectos especiales: es suficiente con poco más que unas vainas adecuadamente usadas, y con un directivo que sepa manejar cámara y actores a fin de que la desesperación ocasionada por el entorno opresivo se haga prácticamente inaguantable. En dos mil siete, una nueva versión titulada Invasión y protagonizada por Daniel Craig y Nicole Kidman no aportó gran cosa, además de un punto de vista más actual, identificando la infiltración alienígena con algo muy afín a un virus.

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