sitio de encuentro de todas y cada una de las razas

En algún rinc ón del espacio recóndito del streaming yace una de las series de ciencia ficción más inteligentes y también imaginativas que nunca se hayan rodado. Sus muy abundantes fanes aguardan a que algún canal rescate Babylon cinco para poder gozar nuevamente de sus cuidados guiones y sus espectaculares –para entonces y para hoy–efectos singulares, y posiblemente esto llegue a acontecer. En cambio, lo que puede darse por descartado es que cualquier día se decida reanudar la historia: Babylon cinco tiene, entre otras particularidades, la de ser una serie concebida con un final cerrado, que tendría sitio cuando terminaran los ciento once capítulos que iban a conformar las 5 temporadas previstas desde un comienzo.

El creador y dueño absoluto del cosmos Babylon fue Joseph Michael Straczynski , escritor y argumentista que a fines de los años ochenta contaba en su currículo con una notable cantidad de capítulos para series de lo más diverso. Tuvo entonces la idea de crear una propia, aprovechando que la cienciaficción parecía estar de nuevo en apogeo en T.V. tras el éxito de Star Trek: La nueva generación . Mas su idea iba mucho alén de los episodios autoconclusivos todavía de moda: era el planeta del vídeo y los espectadores podían grabar los capítulos y proseguir sin complejidad tramas que se extendiesen a lo largo de meses. Straczynski tenía en psique una saga televisiva que fuera el equivalente a una epopeya literaria, como El señor de los anillos o bien los libros de Fundación.

En el año dos mil doscientos cincuenta y ocho, Babylon cinco es una gigantesca estación espacial en la que habita una cuarta parte de millón de humanos y alienígenas de todas y cada una de las especies. Marcha como una especie de Naciones Unidas galácticas, donde el consejo formado por representantes de los diferentes mundos decide sobre enfrentamientos políticos, económicos, comerciales, sociales o bien religiosos, con el propósito común de resolverlos eludiendo que se repitan las guerras del pasado. Evidentemente, las cosas no son tan simples, si se considera la enorme cantidad de imperios y razas cuyas riñas tienen siglos de antigüedad, y las intrigas en la propia coalición de planetas.

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