Pasaporte de vacunación para viajar en verano: ¿es buena idea?

“Hasta ahora se han efectuado ensayos clínicos en fase III, que tienen sitio en condiciones bastante controladas y de los que se consigue información para saber si un medicamento marcha y es seguro”, nos explica la especialista. “Pero los datos que nos resultan de interés para este tema son los que se logran cuando la vacuna se está administrando de forma masiva y se recaban datos a pie de calle que equiparan personas vacunadas y no vacunadas. Y, evidentemente, todavía es prontísimo para tener ese análisis”. Además de esto, y tal como nos recuerda Cañelles, en el mercado tenemos diferentes vacunas aprobadas, como otras en fase de regulación, que podrían tener diversa eficiencia. “Pronto va a salir una publicación en The Lancet con resultados muy prometedores para la vacuna de Pfizer desde datos recogidos en R. Unido y que equiparan personal sanitario vacunado y no vacunado. Mas hay otras vacunas en el mercado, posiblemente unas sí que eviten la transmisión del virus y otras no, y aún falta un buen tiempo a fin de que se recabe toda esa información”.

Dudas morales

En un escenario en el que las campañas de vacunación masiva contra la COVID-diecinueve apenas terminan de iniciar, la implementación del pasaporte de vacunación plantea, aparte de las dudas sobre su utilidad para supervisar la pandemia, abundantes enfrentamientos éticos.

Por una parte, probablemente este verano haya un conjunto muy abundante de personas que todavía no se hayan vacunado, no por el hecho de que no hayan querido, sino más bien por el hecho de que aún no les ha tocado en el calendario de conjuntos de población. “El pasaporte de vacunación se debería hacer, por lo menos, cuando la gente tenga un libre acceso a la vacunación, pues en caso contrario marcas a los ciudadanos como de primera y de segunda por algo que hoy día no pueden escoger”, medita Oriol Yuguero, maestro cooperador de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universidad Abierta de Cataluña y presidente del Comité de Moral Asistencial de la Zona Sanitaria de Lérida. “Por un lado damos relevancia a unas vacunas que todavía no sabemos si son capaces de eludir la transmisión del virus. Y por otro va a haber personas que, por sus nosologías, no se van a poder vacunar, aparte de aquellas a las que se vacunará en último sitio por no ser conjuntos de riesgo”, señala el especialista. “Creo que la reflexión que hay que hacer sobre el pasaporte es qué finalidad tiene y qué salvedades se dejan a fin de que la gente que no puede percibir la vacuna tenga la posibilidad de viajar. Imagina, por poner un ejemplo, que se te muere un familiar en un país vecino, y como no has recibido la vacuna no puedes ir, en cambio otra persona vacunada sí que podría… esto provoca desigualdad a nivel de justicia de distribución de unos recursos en la actualidad son finitos”.

Además de esto, tal como comentábamos al comienzo, todavía no sabemos si todas y cada una de las vacunas aprobadas evitan la transmisión del virus. “Si se observaran diferencias entre unas vacunas y otras, el pasaporte COVID asimismo estaría discriminando en el mismo conjunto de vacunados, que en nuestros días tampoco están escogiendo qué vacuna recibir”, recuerda Cañelles.

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