Oraciones de Erasmo de Rotterdam

Erasmo es considerado una de las psiques más grandes de la historia; fue un erudito humanista, teólogo, escritor, profesor y, tal como expresó, «un ciudadano del planeta». Su reputación a lo largo de su vida alcanzó las alturas más elevadas y se hundió en mínimos inopinados a lo largo de la crisis luterana. Sus textos y sus numerosas cartas figuran entre las obras más seminales de la cultura occidental.

Hijo ilícito de un sacerdote, Erasmo seguramente nació en mil cuatrocientos sesenta y seis en Rotterdam. Fue ordenado como tal en mil cuatrocientos noventa y dos y estudió en la ciudad de París. Desde mil cuatrocientos noventa y nueve, adoptó la vida de un erudito independiente, se trasladó de urbe en urbe dando clases particulares, dando conferencias y manteniéndose en contacto con pensadores de toda Europa.

Empezó a redactar cerca de mil quinientos, tanto en temas teológicos como seculares. Su trabajo muestra su gran aprendizaje y brillantez intelectual, mas asimismo su humanidad y también ingenio. Tradujo y editó muchas obras tradicionales y cristianas primitivas y asimismo publicó una edición crítica del texto heleno del Nuevo Testamento que se fundamentó en fuentes últimamente libres y fue enormemente influyente. Simbolizaba el deSeo humanista de regresar a las fuentes de la tradición cristiana.

Cuando reventó la Reforma Protestante con la publicación de las 95 Tesis de Martín Lutero en mil quinientos diecisiete, a lo largo de los próximos diez años, Erasmo se vería envuelto en un discute intelectual sobre la naturaleza humana, el libre arbitrio y la religión. Si bien Erasmo apoyaba los ideales protestantes, estaba contra el radicalismo de ciertos de sus líderes y, en mil quinientos veintitres, condenó los métodos de Lutero en su trabajo De libero arbitrio.

El doce de julio de mil quinientos treinta y seis, a lo largo de los preparativos para una mudanza a los Países Bajos, Erasmus cayó enfermo y murió de un ataque de disentería. Si bien continuó fiel a la Iglesia de la ciudad de Roma, no recibió los últimos ritos, y no hay patentiza de que solicitase un sacerdote. Esto semeja reflejar su opinión de que lo que más importaba era la relación directa de un fiel con Dios.

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