Muere Luc Montaigner, descubridor del virus del sida

El estudioso francés Luc Montaigner, fue merecedor del Premio Nobel de Medicina en dos mil ocho al lado de Françoise Barré-Sinoussi y el alemán Harald zur Hausen, por el descubrimiento del virus de inmunodeficiencia humana (SIDA), causante del sida.

Montaigner empezó su carrera como estudioso científico en mil novecientos cincuenta y cinco y se incorporó al Instituto Pasteur de la ciudad de París (Francia) en mil novecientos setenta y dos. Años después, en mil novecientos noventa y tres, estableció la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del VIH. Asimismo ocupó el puesto de presidente del Consejo Administrativo de la Federación Europea para la Investigación del VIH.

Y es que, poco una vez que a inicios de la década de mil novecientos ochenta comenzasen a circular informes sobre una nueva y enigmática enfermedad que se describía predominantemente en pacientes homosexuales con sistemas inmunológicos comprometidos y formas extrañas de cáncer y neumonía, Montagnier empezó a trabajar para hallar la causa.

Cuando y otros en el Instituto Pasteur examinaron una muestra en el mes de enero de mil novecientos ochenta y tres, estudiando un pedazo de ganglio linfático inflamado de un diseñador de tendencia que mostraba signos tempranos de la enfermedad, se sorprendieron al descubrir lo que parecía ser un género de retrovirus absolutamente nuevo. Se trataba de un virus poderosísimo que se escondía en los glóbulos blancos ya antes de reventar, contestarse y matar las células que le habían tolerado medrar. Esa fue su conclusión.

De este modo, En el mes de septiembre de mil novecientos ochenta y tres, trazó un vínculo causal entre el virus y la enfermedad en una conferencia en el Laboratorio Cold Spring Harbor en la ciudad de Nueva York, si bien muchos de sus compañeros se sostuvieron incrédulos. La mayor parte creía que HTLV, el único retrovirus humano conocido hasta ese instante, era la causa probable y no un virus nuevo.

En la década de mil novecientos ochenta, los casos de VIH empezaron a dispararse y las personas inficionadas tenían poquísimas posibilidades de subsistir.

Originalmente etiquetada como una «plaga gay», la enfermedad se transformó en una crisis de salud pública cuando Montagnier y su equipo lucharon por el reconocimiento de la comunidad científica, que ignoró y, en ocasiones, desdeñó sus primeras investigaciones.

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