Muere John Le Carré, el espía que deseaba ser escritor

David John Moore Cornwell, su auténtico nombre, nació el diecinueve de octubre de mil novecientos treinta y uno en la urbe de Poole, al sudoeste de Inglaterra. Conforme sus memorias, su padre era uno de esos tipos con mucha labia y poca vergüenza que hizo de su niñez una incesante montaña rusa llena de avatares. David estudió en diferentes institutos privados y terminó ingresando en Oxford, donde su pasión por la literatura le llevó a estudiar alemán en los años de posguerra (algo que muchos veían con recelo). Cornwell pasó una temporada enseñando Francés y Latín en Eton mas en mil novecientos cincuenta y nueve pasó a trabajar para la Oficina de Temas Exteriores de G. Bretaña, más específicamente para el MI6, su servicio secreto.

Es posible que Cornwell jamás solicitara un Martini agitado, no removido, o bien que su turismo no tuviese un lanzacohetes en los faros delanteros; fue mandado a Alemania Occidental y trabajó como oficinista hasta mil novecientos sesenta y cuatro. Fue en este tiempo, usando como base sus experiencias y sobre todo la increíble cantidad de información que tenía a mano, cuando empezó a redactar sus novelas. La primera que le publicaron (esta vez como John Le Carré) fue Llamada para un fallecido (mil novecientos sesenta y uno), en la que introduce al mítico personaje de George Smiley y planta la semilla para sus futuros trabajos. El éxito le llegaría no obstante con El espía que brotó del frio (mil novecientos sesenta y tres), con la que vendió millones de copias y que le dejó dejar su trabajo y dedicarse solamente a la escritura. Otros títulos resaltables de John Le Carré serían La muchacha del tambor (mil novecientos ochenta y tres), La casa Rusia (mil novecientos ochenta y nueve), El sastre de Panamá (mil novecientos noventa y seis) o bien El jardinero leal (dos mil uno).

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