Memoramos el veinte aniversario del estreno de Matrix

La pastilla roja manda de forma directa a Neo fuera de la matriz, y lúcida en la terrorífica realidad de ver su cuerpo encadenado y empleado, cultivado por la inteligencia artificial. Después es salvado y llevado con el resto de supervivientes, disidentes de un planeta en el que son perseguidos, y donde subsiste una sola urbe, Zion, sepultada bajo tierra, donde todavía hay calor y cobijo en frente de los rastreadores artificiales.

En cambio, la pastilla azul habría dejado a Neo sumido en su vida rutinaria de mil novecientos noventa y nueve, y le dejaría continuar yendo día tras día a la oficina, desgustando un jugoso filete, haciendo running y gozando de un sueño reparador. Si bien todo eso no sean más que los estímulos convenientes en el cerebro.

La perspectiva de regresar a ver  Matrix reunió el pasado veinte de junio a ciento cincuenta personas en los cines Yelmo Ideal de la capital española, seguido de un intenso coloquio. La conclusión, que Matrix había avejentado realmente bien. Tanto que resultaba increíble.

Frente al tradicional discute de pastilla azul y pastilla roja, sorprendió que la mayor parte de los asistentes prefirió la pastilla azul para quedarse en Matrix. Mas, al fin y al postre, si la realidad son asimismo esos estímulos en el cerebro, ¿qué es, puesto que, la realidad? ¿Es menos real aquello que se vive en un plano virtual? Alan Turing o bien Julio Verne ya lo anticiparon: «Poco a poco más gente desea pasar más tiempo en la realidad virtual» comentan en el público. El día de hoy, pasamos bastante tiempo enganchados a nuestras pantallas para evadirnos de lo que nos circunda. ¿Estamos ya eligiendo la pastilla azul?

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