Los estudios sobre ictus tienen cortes de género

«Cerciorarse de que haya suficientes mujeres en los estudios clínicos para reflejar con precisión la proporción de las que tienen accidentes cerebrovasculares puede tener implicaciones para las recomendaciones de tratamiento futuras para las mujeres perjudicadas por esta grave afección», explica la autora del estudio, Cheryl Carcel estudiosa en The George Institute for Global Salud en la ciudad de Sydney, Australia. «En el momento en que un sexo está s infrarrepresentado en los ensayos clínicos, limita la manera en que puede aplicar los resultados al público normalmente y probablemente puede influir en el acceso a nuevas terapias«.

Los resultados se calcularon con la relación entre participación/prevalencia, una medida relativa que pondera el porcentaje de mujeres en un ensayo en comparación con su proporción en la población total con esa enfermedad. Es una forma fácil de saber si un proyecto de investigación ha reclutado suficientes mujeres para poder sacar conclusiones precisas sobre los descubrimientos. Una proporción de uno quiere decir que el porcentaje de mujeres en el estudio es exactamente el mismo que el porcentaje de mujeres con la enfermedad en la población general. Un rango admisible para una proporción ideal de participación femenina está entre 0,8 y uno con dos.

Los estudiosos hallaron que, normalmente, las mujeres estaban representadas en una proporción más baja con relación a su prevalencia en la población latente, y esto no cambió con el tiempo. Hallaron las mayores diferencias en los ensayos de hemorragia intracerebral, con una proporción de 0,73; ensayos en los que el partícipe promedio tenía menos de setenta años, con una proporción de 0,81; intervenciones no agudas, con una relación de 0,80; y ensayos de rehabilitación, con una relación de 0,77.

“Nuestros descubrimientos tienen implicaciones sobre de qué manera se puede tratar a las mujeres con accidente cerebrovascular en el futuro, en tanto que las mujeres acostumbran a tener peores resultados funcionales tras el accidente cerebrovascular y requieren más atención de apoyo”, explica Carcel. “Solo conseguiremos una representación más equitativa de las mujeres en los ensayos clínicos cuando los estudiosos tengan presente las barreras que impiden que se anoten en los estudios y recluten activamente a más mujeres. Las personas que financian la investigación asimismo deben demandar pruebas más fiables y equilibradas por sexos”.

Una restricción del trabajo, reconocen los autores,  es que solo incluyó los estudios registrados en un sitio del gobierno de EE. UU., con lo que posiblemente no haya tenido en cuenta todos y cada uno de los ensayos de accidente cerebrovascular.

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