Las ventajas de encarar peligros y ejercitar la psique

Ya antes de decidir, en la psique se genera un equilibrio entre el componente sensible y el racional. Cada uno de ellos de ellos está relacionado con diferentes áreas encefálicas. En el caso de las emociones, la voz vocalista la lleva el sistema límbico, al tiempo que la parte más racional la dirige la corteza prefrontal.

En el sistema límbico, la amígdala es una estructura compleja que tiene un papel fundamental: “Es el fichero sensible, tanto de las emociones positivas, caso de la alegría y la dicha, como del temor y la reacción de lucha y huida”, explica José Antonio Portellano Pérez, neuropsicólogo y maestro en el Departamento de Psicobiología y Metodología en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de la capital española.

Volviendo al ejemplo del cambio de puesto, si lo has hecho en otras ocasiones y el resultado ha sido satisfactorio, la amígdala va a haber archivado esa acción como una emoción positiva. Si ponderas regresar a mudar de empresa, esta pequeña área cerebral, del tamaño de una almendra, te impulsará a hacerlo, puesto que tuviste éxito la vez precedente. Caso de que el cambio laboral precedente no cumpliese con tus esperanzas, Pepito Grillo te recordará que la experiencia precedente no fue buena y va a hacer que tomes la resolución con precaución.

En esta toma de resoluciones entra en escena otro actor, el núcleo accumbens, que asimismo debe ver con la parte sensible, ya que se relaciona con la recompensa que aguardamos conseguir si admitimos el reto. “Hay rastros de que el núcleo accumbens no solo contribuye a degustar la recompensa, sino nos lleva a procurarla con más ahínco”, asevera Macià Buades-Rotger, del Departamento de Medicina neurológica de la Universidad de Lübeck (Alemania) y actualmente estudioso en el Instituto Donders, de la Universidad de Radboud (Holanda).

El científico no comparte la etiqueta centro del placer que se acostumbra a entregar a esta zona, en tanto que no solamente se activa al percibir una recompensa, sino más bien asimismo cuando la adelantamos. Eso puede suceder ante cualquier reto positivo que tengamos por delante, como el mentado cambio de trabajo o bien una cita romántica. En ocasiones, en cambio, los retos no son ni positivos ni agradables y los vemos como una amenaza, en vez de como un reto que superar. Si bien en los dos casos se pongan en marcha prácticamente exactamente las mismas áreas cerebrales, existen algunas diferencias.

En una investigación publicado en la gaceta eNeuro, treinta y seis mujeres practicaron un juego interactivo en el que debían eludir o bien enfrentarse a un contrincante. Buades-Rotger y el resto de científicos examinaron, con resonancias imantadas funcionales, cuál era la base neuronal tanto de las contestaciones beligerantes como de las que evitaban la amenaza por la parte de las participantes.

“Cuando decidían encararlo, se activaba la corteza orbitofrontal; al paso que si preferían evitarlo se activaba la amígdala. Además de esto, cuando habían decidido hacerle frente y la amenaza era inminente, se activaba el mesencéfalo”, resume el estudioso. Esta estructura superior del leño del encéfalo es la que empieza la contestación fisiológica y motora para encarar el riesgo.

En todo caso, no todas y cada una de las personas responden igual frente a las amenazas, pues aun algo negativo para unos puede ser visto de forma menos grave por otros. Ana Belén Pelado, directiva del máster universitario en Sicología General Sanitaria de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), pone como un ejemplo los temidos exámenes. Si bien sea exactamente el mismo estímulo para todos y cada uno de los pupilos, quienes no hayan estudiado o bien suspendiesen en pruebas precedentes los encararán de forma diferente que aquellos estudiantes que repasan día tras día y tienen buenas calificaciones anteriores.

En los dos perfiles, aparte del sistema inquieto, el sistema endocrino tiene un papel esencial. “Cuando valoramos una situación como amenazante o bien agobiante, nuestro cuerpo reacciona segregando una hormona llamada cortisol”, apunta Pelado. La asimismo famosa como hidrocortisona está muy relacionada con el agobio y, en un primer instante, al producirla ante situaciones amenazantes, genera un estado de activación en frente de ese estímulo que nos dejaría, por poner un ejemplo, huir. No obstante, si se mantiene en el tiempo, resulta perjudicial.

Acá resulta conveniente distinguir entre el agobio positivo o bien eustrés– y el negativo o bien distrés. El primero es ventajoso y aparece cuando tenemos por delante un reto que nos motiva. Al contrario, el distrés puede alargarse en el tiempo y llegar a crear problemas mentales y físicos, como ansiedad, incremento de la presión arterial y también insomnio.

“El agobio es un proceso que empieza en el momento en que una persona valora como amenazante una situación y también empieza una evaluación cognitiva sobre de qué manera enfrentarse a ella”, aclara Pelado. Solo cuando la situación desborda la capacidad de control de esa persona se generan consecuencias negativas, y es lo que se llama, en el campo de la medicina, distrés.

Otras veces la amenaza es más que un reto negativo. “Si se genera una catástrofe, un accidente o bien un riesgo inminente, el cerebro valora que no es una situación a la que deba hacer frente, sino más bien de la que hay que huir”, apostilla Ana León Mejías, maestra anexa del Departamento de Sicología de la Educación y Psicobiología de UNIR.

Teniendo presente el estado de excitación que vive el cerebro en frente de los retos, ¿es positivo o bien negativo enfrentarse a ellos? Los especialistas consultados para efectuar este documental coinciden en las ventajas de tener un cerebro activo y diligente que se amolda a las novedades que se nos presentan en la vida. Es lo que es conocido como neuroplasticidad, una característica que no presentan otros órganos y que hace única a la psique.

“La neuroplasticidad es clave para el aprendizaje y la memoria, y le da al cerebro la capacidad de cambiar”, resalta la neurocientífica Sabina Brennan, quien ha puesto en marcha el proyecto europeo Hello Brain (www.hellobrain.eu), con el que han publicado una web y una aplicación que ofrecen consejos para sostener el cerebro sano. Conforme Brennan, que estudia en el Trinity College de Dublín (Irlanda), retarlo es bueno para la salud de la psique, por el hecho de que la satisfacción experimentada al dominar un reto te hace liberar dopamina y te sientes bien: más positivo y menos deprimido.

Mudar de trabajo o bien enfrentarse a algo nuevo “también es bueno para desarrollar la apertura a nuevas experiencias que es parte del modelo big five”, agrega León Mejías. El modelo big five–o de los 5 grandes– sirve para describir la personalidad y se resume en la palabra inglesa ocean. La o bien corresponde al factor openness (apertura a nuevas experiencias), la c a conscientiousness (responsabilidad), la y también a extraversion(extroversión), la a a agreeableness (afabilidad) y la n a neuroticism (inestabilidad sensible).

Pese a lo positivo de abrirse a nuevas experiencias, los retos implican peligros, y no valorarlos o bien minimizarlos puede ser negativo para la salud. Saltar en paracaídas para unos va a ser una temeridad, en tanto que si falla cualquier dispositivo está en juego la propia vida; para otros, lograr la proeza compensa cualquier riesgo. Exactamente esta delgada línea entre la osadía y la imprudencia fue lo que estudió un equipo de estudiosos de USA.

Con imágenes cerebrales, cuestionarios y análisis, que publicaron en la gaceta NeuroImage, los científicos deseaban descubrir si existían diferencias cerebrales y fisiológicas en un conjunto de voluntarios que brincó en paracaídas por vez primera.

Las pruebas precedentes y siguientes al salto descubrieron que aquellos participantes con un menor equilibrio del sistema límbico y prefrontal registraban menos niveles de cortisol, menos ansiedad, experimentaban una menor sensación de peligro y no presentaron contestaciones de temor. De este modo, los estudiosos distinguieron entre 2 perfiles diferentes de paracaidistas: los valientes, que sintieron temor mas lo superaron y saltaron; y los irresponsables, que ni tan siquiera reconocieron el riesgo.

Las adicciones asimismo deben ver con este desequilibrio en el momento de ponderar el peligro. “La incapacidad de valorar contextos de forma conveniente puede conducir a una conducta exageradamente propensa al peligro y llegar a exponer al organismo a un riesgo excesivo, como el abuso de drogas y el juego compulsivo”, arguye Costa.

En el caso de personas adeptas a ciertas substancias, van a preferir una opción alternativa de alto peligro para su salud si acarrea una ganancia que consideran alta, como es el consumo de la droga. “El sobreuso exagerado de conductas peligrosas o bien retos puede llegar a sobreestimular los circuitos de recompensa hasta corromperlos”, advierte la especialista.

Como hemos visto, los avances en técnicas de neuroimagen han tolerado conocer con precisión qué áreas cerebrales se activan en frente de los desafíos. Mas los estudiosos asimismo usan otro género de estudios para descubrir de qué manera influyen las situaciones desafiantes en el pensamiento y en el comportamiento.

Es el caso de una investigación codirigido por Thomas Maran, maestro en las universidades austriacas de Liechtenstein y también Innsbruck. Los participantes debían observar 3 fragmentos de películas: una asociada a estímulos positivos –una escena de sexo–, una negativa –una escena violenta– y otra neutral.

Tras verlas, lo voluntarios debían contestar dónde estaban ciertos objetos. “Nuestra investigación muestra meridianamente que los estados de alta excitación dañan la capacidad de adquirir señales espaciales y temporales tácitas, o sea, dónde y en qué momento ocurren las cosas”, sostiene Maran, cuyo artículo publicó la gaceta Frontiers in Behavioral Neuroscience.

Conforme el estudioso, en situaciones desafiantes centrarse en los aspectos esenciales y prestar menos atención a las señales que los rodean podría ser una forma de adaptación. Si creemos que nuestros antepasados debían enfrentarse a predadores para subsistir, tiene sentido que el cerebro se focalice en el oponente y deje de lado los elementos secundarios del ambiente. Una adaptación que prueba de qué manera los retos nos han hecho evolucionar como especie.

“A lo largo de los 2 o bien 3 millones de años a lo largo de los que se generó la construcción del cerebro humano, viajar, lo mismo que correr o bien combatir, ha sido consubstancial a nuestra naturaleza”, explica el catedrático de Fisiología Humana Francisco Mora en su libro ¿Se puede retrasar el envejecimiento del cerebro? doce claves (dos mil diez, Coalición Editorial).

Otra cuestión que estudian los científicos es de qué forma trabaja el encéfalo a lo largo de la vetustez, y han descubierto que, en frente de lo que se pensaba hasta hace un tiempo, la psique jamás deja de aprender ni de mudar. En verdad, proseguimos generando neuronas nuevas, si bien a un ritmo mucho menor que a lo largo de la niñez. Este proceso se conoce como neurogénesis.

El cerebro avejentado prosigue siendo plástico y flexible. “Nunca somos demasiado viejos para encararnos a nuevos desafíos”, destaca Brennan. Por servirnos de un ejemplo, aprender un idioma es un reto estimulante para cualquier persona, no se trata de una experiencia reservada solo para los pequeños y los jóvenes. Es un mito.

Acá entra en juego la reserva cognitiva, una suerte de almacén donde vamos guardando el ejercicio físico y mental efectuada en etapas precedentes a la vetustez. Esta reserva puede usarse en las etapas siguientes, cuando las demandas intelectuales sean superiores a las capacidades cerebrales que se tengan. “Las personas que no se atreven a nada, que eluden peligros o bien que no ejercitan la psique tienen menos reserva cognitiva y un beneficio cerebral mucho menor”, equipara Portellano Pérez.

Como explican desde la Fundación Pasqual Maragall, cuanto mayor sea esta especie de capital mental, más va a ayudar a compensar los efectos tanto del envejecimiento como del alzhéimer en nuestras capacidades cognitivas. Si bien hay que rememorar que esta reserva no actúa como antídoto para prevenir enfermedades cerebrales ni evita el envejecimiento neuronal, sí es un factor que contribuye a retrasar el posible deterioro, favoreciendo una red neuronal más resistente.

¿Y de qué manera se puede fortalecer una mayor reserva cognitiva? Como hemos visto, encarar peligros y ejercitar la psique van en la buena dirección, algo que la Fundación Pasqual Maragall sintetiza en estas 5 actividades: leer, jugar, aprender, probarse y mudar las rutinas.

Para finalizar, no se debe olvidar que, sea a la edad que sea, para continuar encarando nuevos desafíos el cerebro cuenta con 2 aliadas: la curiosidad y la emoción. La primera es el motor que nos empuja a emprender desafíos que ni se nos habían pasado por la cabeza, al tiempo que la emoción que sentimos al conseguirlo nos anima a proseguir adelante. Sin esta pareja, los humanos no estaríamos el día de hoy acá, en tanto que nuestros ancestros no se habrían audaz al reto más bastante difícil de su vida: salir de África y colonizar la Tierra.

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