‘La violencia sexista es la consecuencia más sangrante de la desigualdad estructural’

Victoria Rosell, jueza con una extensa trayectoria luchando contra violencia sexista desde los tribunales, es la presente encargada del Gobierno contra la Violencia de Género. Charlamos con ella sobre la situación de las mujeres maltratadas a lo largo de la pandemia y la relevancia de visibilizar este inconveniente con diferentes ideas.

Tras 8 ediciones, ¿es un descalabro de nuestra sociedad que todavía sean precisas ideas como la Carrera contra la violencia sexista?

Tras estas 8 ediciones, la continuidad de una iniciativa como esta lo que prueba, a mi parecer, es el compromiso permanente de una sociedad siendo consciente de que no podemos bajar la guarda contra la violencia sexista. En frente de siglos de violencia contra las mujeres, ocho años son un símbolo de este compromiso.

¿Qué piensa de ideas como esta?

Toda iniciativa que visibilice la violencia sexista y ubique la lucha por la igualdad y el feminismo en la agenda pública es precisa y útil, pues las mujeres y también niñez víctimas y supervivientes de violencia sexista se sienten acompañadas y creídas cuando reciben apoyo social y también institucional.

¿De qué manera ha perjudicado la pandemia a las mujeres que padecen maltrato?

Ha sido un año realmente difícil, en el que muchas mujeres, y sus hijos y también hijas, han estado recluídas veinticuatro horas al día con sus atacantes. De ahí que a lo largo del estado de alarma pusimos en marcha inmediatamente, el diecisiete de marzo, el Plan de Contingencia contra la Violencia de Género frente a la COVID-diecinueve, que entre otras muchas medidas declaró “servicios esenciales” los recursos de atención a las víctimas; habilitamos el trabajo a distancia para el dieciseis y otros recursos, y un nuevo servicio de atención sicológica vía “WhatsApp”; y después otras medidas del Gobierno como un mejor acceso al Ingreso Mínimo Vital y las residencias públicas para víctimas de violencia sexista. Ha habido menos asesinatos, mas más violencia sicológica y de control, y estos recursos son esenciales para salir de las relaciones violentas.

Los últimos meses semeja que el COVID-diecinueve, las limitaciones y la situación política se han “comido” las noticias relacionadas con la violencia sexista. ¿Es un tema que ya no interesa?

No es nuestra percepción. Hemos visto como la mayor parte de los medios ha seguido notificando de la violencia sexista, se ha hablado por vez primera en los “mass media” de violencia de control, de violencia vicaria, se ha informado periódicamente del aumento exponencial de las llamadas al dieciseis. Es verdad que asimismo se han aumentado los bulos en redes sociales, como los de las demandas falsas, y los ataques a las víctimas y a quienes las defendemos, al feminismo y al Ministerio de Igualdad, que complican la labor, crean falta de confianza y abonan el silencio cómplice de la violencia sexista. Mas en cualquier caso, la cooperación de los medios es vital.

En el mes de enero de dos mil veinte, poco antes que se declarara la pandemia, fue nombrada encargada del Gobierno contra la Violencia de Género, ¿De qué forma ha vivido este año y medio?

Tomé posesión el treinta y uno de enero, y el once de marzo se declaró oficialmente la pandemia mundial. Desde ese momento, no hemos parado, estamos agotadas; mas vale la pena. No me refiero solo a la Delegación, ha sido una labor de todo el Gobierno y asimismo de las Comunidades Autónomas, de las Unidades de Coordinación de cada Delegación del Gobierno, las entidades locales y las entidades sociales, a fin de que la crisis de la COVID-diecinueve no dejase atrás esa otra pandemia estructural que es la violencia contra las mujeres. La perspectiva de género muestra que ciertas soluciones contra la COVID-diecinueve como el confinamiento o bien el trabajo a distancia eran un peligro potencial para las víctimas de violencia sexista. Ese enfoque ha sido y es esencial en todas y cada una de las políticas: de educación, residencia, empleo, justicia, interior… en todas y cada una de las medidas del Gobierno.

¿Exactamente en qué trabaja el Ministerio de igualdad ahora para terminar con la violencia sexista?

Estamos a puntito de llevar al Congreso la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, más famosa como “Ley de solo sí es sí”, cumpliendo con el artículo treinta y seis del Acuerdo de la ciudad de Estambul en su décimo aniversario. Además de esto, en cumplimiento del Acuerdo de Estado contra la Violencia de Género y del Pacto del Gobierno de alianza, ponemos en marcha el Plan de Acción contra la trata, la manera de esclavitud del siglo veintiuno que afecta de forma mayoritaria a mujeres y a pequeñas. Este Plan incluye un macroestudio sobre la trata de humanos con fines de explotación sexual y prostitución que nos dejará conocer su alcance en este país, una Ley Integral contra la trata, y un plan de inserción sociolaboral. Además de esto con los fondos de la Unión Europea terminamos de impulsar la creación de “centros de crisis” para víctimas de violencia sexual en todas y cada una de las comunidades autónomas, trasfiriendo sesenta y seis millones de euros en los próximos tres años. Se trata de cerrar brechas históricas que tenemos como país con todas y cada una de las víctimas de todas y cada una de las violencias de género, no solo en la pareja, asimismo las violencias sexuales y la trata.

¿Qué podemos hacer como sociedad para terminar con este inconveniente que nos afecta a todos?

Aceptar que no es un inconveniente que puedan solventar las leyes penales, la policía y el sistema judicial que persiguen al atacante individual, sino más bien un arduo problema social, y obrar en consecuencia. La violencia sexista es la consecuencia más sangrante de la desigualdad estructural, de la discriminación de las mujeres como subordinadas a los hombres, de una cultura sexista y patriarcal que solo cambiará si toda la sociedad acepta su responsabilidad, que ha de ser compartida entre las instituciones, la ciudadanía, sus representantes políticos, y asimismo el campo privado y los medios.

Llama la atención que, pese a la información, las campañas y el movimiento social, se prosigan apreciando actitudes sexistas entre los más jóvenes. ¿Vamos cara atrás? ¿qué hacemos mal?

No creo que la juventud vaya cara atrás. Ni muchísimo menos. En verdad las mujeres jóvenes están más mentalizadas que jamás y la mayor parte de ellas se declaran en público feministas. El inconveniente es desmontar una estructura de discriminación histórica sostenida por una ideología sexista y misógina que tiene abundantes seguidores, y que sí se ve favorecida y alimentada por el renacer de ideas retrógradas y negacionistas de la desigualdad, y bulos que hacen más ella en la juventud, que además de esto a lo largo de años ha sufrido los recortes en educación para la igualdad.

¿Qué más se puede hacer por las victimas que jamás llegan a denunciar a su atacante?

Frente a la violencia más silenciada, las instituciones y la sociedad deben actuar proactivamente, no aguardar que todas y cada una de las víctimas estén en situación de denunciar sino más bien poner las condiciones para esto, con todos y cada uno de los recursos y medios libres. La demanda es el único camino para penar al atacante, mas no para resguardar a las víctimas. Hay que sostener y fortalecer las otras puertas de salida de la violencia.  En todos y cada uno de los territorios existen recursos especializados y organizaciones feministas vitales para acompañar a las mujeres ya antes de la interposición de una demanda. Las mujeres precisan la seguridad de saber que no están solas, que van a tener garantizados unos ingresos mínimos, ocasiones laborales, bienestar para sus hijos, una opción alternativa habitacional. Son recursos esenciales, con independencia del castigo a su atacante.

Cada cierto tiempo nos estremece un caso trágico en el que un hombre usa a sus hijos como venganza contra la mujer, ¿de qué manera podemos resguardar a esos pequeños que asimismo son víctimas?

Los hijos y también hijas son ya legalmente víctimas directas de la violencia que se ejercita contra sus madres, y además de esto frecuentemente son víctimas de violencia vicaria, que es la que se ejercita sobre las hijas y también hijos en substitución de su madre, para proseguir dañándola, aun tras la separación, donde más le duele, que es en sus hijos y también hijas. De ahí que en la Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia hemos cambiado el régimen de visitas y la custodia compartida en interés del interés superior de la niñez, desde la certidumbre de que un maltratador no es buen padre.

¿Piensa que proseguimos viviendo en una sociedad sexista?

Sí. Nuestra cultura y nuestra tradición, aun legal, es sexista y de subordinación de las mujeres. Hemos avanzado mucho, indudablemente, mas todavía queda mucho camino por recorrer para lograr una sociedad libre de sexismo, de discriminación y de violencia sexista. Nuestra Constitución no demanda solo una igualdad formal, sino más bien material, una igualdad real, sin obstáculos derivados de nuestra condición de mujeres, y de otros factores auxiliares de discriminación que padecen las más frágiles con motivo de su origen, edad, raza, discapacidad, identidad sexual. Es un compromiso esencial de este Gobierno feminista y comprometido con los derechos humanos, que o bien son universales o bien no son nada.

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