la invasión, vista por gente corriente

El enorme mérito de la película es contar la invasión desde la perspectiva del ciudadano común, como hizo Wells. En la versión de mil novecientos cincuenta y tres abundan los altos mandos políticos y militares, y hasta el protagonista es científico de profesión. Acá, no. Ray Ferrier es un obrero de gr ú as divorciado que vive en Nueva Suéter y tiene la custodia de sus 2 hijos los fines de semana. Exactamente cuando están en su casa, un enorme trípode metálico brota del suelo de l vecind ario y comienza a desintegrar edificios y personas. En los días siguientes, los 3 van a vivir una pesadilla tratando de subsistir a la invasión, con Ferrier obligado a aceptar su responsabilidad como padre –algo que, se nos apunta, no hizo a lo largo de su matrimonio– y a resguardar su vida y la de sus hijos, mientras que a su alrededor la sociedad se derrumba y el pavor y la desesperación animalizan a las personas hasta reducirlas a sus instintos más primitivos; mismo se descubrirá haciendo acciones incomprensibles s o bien lo unos días atrás.

Que una producción de Spielberg sea un éxito de taquilla no es, en general, noticia: sorprende, en cierta manera, que esta lo haya sido asimismo, si estimamos que se rodó solo 4 años tras los atentados del once de septiembre, cuando la convulsión colectiva provocada por la caída de las Torres Gemelas estaba todavía demasiado reciente, y que no es una película agradable de ver. La entereza con la que bastante gente reaccionaba frente a la invasión en la versión de mil novecientos cincuenta y tres es sustituida acá por una crueldad que en ocasiones supera lo contado en el libro de Wells: en él, el protagonista se oculta a lo largo de unos días en un sótano con un sacerdote enloquecido, al que por último debe dejar inconsciente a fin de que no atraiga a los marcianos con sus gritos; en la película, el sacerdote se transforma en un ido con armas, interpretado por Tim Robbins, y Ray, por exactamente el mismo motivo, no lo deja sin ningún sentido, sino, de manera directa, debe matarlo, y hacerlo además de esto a ocultas de su hija.

Spielberg aprovecha asimismo muchas ideas del libro que otras versiones obviaron, como los presos que los alienígenas recogen en jaulas gigantes, o bien la maleza roja con la que cubren el terreno conquistado y que está alimentada, exactamente, con la sangre de los humanos capturados. La película –al igual que la novela– tiene, eso sí, un final feliz: Ray se reúne con su familia, mas ni ni son exactamente las mismas personas que eran en un comienzo. La experiencia vivida ha sido demasiado terrible para meditar que ninguna dicha es terminante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *