La hipertensión arterial es más peligrosa de lo que crees

Cada latido cardiaco impulsa la sangre cara el resto del organismo mediante los vasos sanguíneos. Los vasos sanguíneos son afines a un sistema de cañerías en nuestro cuerpo, si bien algo más complejo al ser cañerías orgánicas, activas. Mas a efectos educativos, va bien meditar en nuestros vasos sanguíneos como un sistema de cañerías a través del que discurre nuestra sangre. Los vasos sanguíneos que salen del corazón y llevan la sangre y sus nutrientes al resto del cuerpo, se conocen como arterias. Los vasos sanguíneos que efectúan el recorrido contrario, del organismo al corazón (para regresar a oxigenarse en un circuito con los pulmones), se llaman venas. Puesto que bien, al salir la sangre del corazón cara las arterias, se produce una presión sobre las paredes de esas arterias. Igual que el agua en un vaso presiona las paredes del vaso, la sangre en las arterias asimismo genera presión, lo que conocemos como presión arterial. Que exista presión arterial señala que existe circulación de sangre en los vasos sanguíneos, mas una tensión demasiado elevada puede agobiar el corazón y dañar arterias y órganos. Dicho de otra forma, si los vasos sanguíneos son una manguera, si la presión en la manguera es demasiado baja, el agua no fluirá, mas si es demasiado elevada, podría dañarse la manguera o aun la bomba de agua (en un caso así, la bomba de sangre, el corazón).

Se comprende así que la presión arterial normal se mueve en un intervalo. Cabe nombrar que tener la presión arterial elevada un día no forma una enfermedad, tratándose de un acontecimiento apartado. Se considera hipertensión arterial (HTA) a la presión arterial elevada de forma mantenida en el tiempo. Esto es así por el hecho de que la tensión puede cambiar diariamente en función de muchos factores (dolor, agobio, falta de sueño, etc), mas el auténtico inconveniente viene con la HTA mantenida en el tiempo, no la eventual.

Tal vez una de las peculiaridades más atractivas de la HTA es que hay quién la conoce como “el asesino silencioso”, ya que no causa síntomas hasta el momento en que ya es tarde y ya ha dañado un órgano vital. Dicho de otra forma, si tienes la tensión elevada, lo más frecuente es que no aprecies nada. En otros casos, hay quién nota un ligero cefalea. Con el tiempo y la erosión propia de una tensión desmandada, podemos llegar a sufrir problemas arduos, como infartos, insuficiencia cardiaca, aneurismas o lesiones nefríticos.

Conforme los datos de la OMS (OMS) prácticamente mil doscientos ochenta millones de adultos de entre treinta y setenta y nueve años sufren la enfermedad y prácticamente dos tercios de los pacientes radican en países de ingresos medios y bajos. La enfermedad es una de las primordiales causas de muerte prematura en el planeta.

¿De qué forma se mide la presión arterial?

En el momento en que una persona se mide la tensión con un tensiómetro, le aparecen dos valores. En condiciones normales, el valor más alto refleja la tensión que padecen las arterias a lo largo de la contracción cardiaca (la sístole), al tiempo que el más bajo refleja la presión de las arterias ya antes de un nuevo latido cardiaco (la diástole).

La tensión se mide en milímetros de mercurio (mmHg), y se expresa como “tensión sistólica/tensión diastólica”. En lo que se refiere al intervalo de normalidad, en los últimos tiempos ha habido una revisión pormenorizada de la evidencia a nivel científico y las primordiales sociedades americanas y europeas no se ponen conforme en todos y cada uno de los puntos. No obstante, existen algunas pautas en las que sí hay un acuerdo y un estándar a sostener y generalmente las próximas son cifras muy razonables. En los adultos, la presión  arterial se puede clasificar como presión arterial normal (

Asimismo existen las crisis hipertensivas, elevaciones de la presión arterial sistólica >180 mmHg y/o diastólica >120 mmHg. Podemos estar hablando de urgencia hipertensiva (el estadio más grave de crisis hipertensiva), que asocia lesión aguda grave de un órgano vital (cerebro, corazón, riñones, etc) y requiere tratamiento urgente, o emergencia hipertensiva (no supone lesión aguda de órgano vital), menos grave y con más margen para el tratamiento.

Finalmente, cabe nombrar la hipertensión arterial maligna, una forma de urgencia hipertensiva, de mal pronóstico y en la que existe afectación de la retina.

Resulta conveniente mentar lo siguiente: si bien ahora haya algo de inseguridad respecto a la mejor y más precisa definición de la hipertensión arterial, los valores no están lejísimos unos de otros, y los médicos no se dedican a tratar valores, sino más bien peligro cardiovascular de cada paciente específicamente. Así que si tienes dudas sobre de qué manera proceder con respecto a tus cifras de presión arterial, lo idóneo es que consultes con tu médico.

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