La cara más mortal de la crisis climática: impacto en salud

“Hay estudios epidemiológicos que estiman que, a nivel europeo, por cada grado que aumente la temperatura entorno, la mortalidad de la población se puede acrecentar entre un 1  por ciento y un cuatro  por ciento ”, advierte Ricardo Gómez Huelgas, presidente de la Sociedad De España de Medicina Interna (SEMI). Y no hay que irse lejísimos para revisar si los pronósticos se cumplen: ya pasa.

De esta forma ocurrió con la ola de calor que golpeó Europa en el verano de dos mil tres, con temperaturas que superaron los cuarenta y cinco °C en ciertos puntos de Andalucía o bien aun los treinta y siete °C en el R. Unido, y que terminó con la vida de unas setenta cero personas en el Viejo Continente. España, a lo largo de ese estío, tuvo un ocho  por ciento más de muertes, que se generaron en individuos de sesenta y cinco años de ahora en adelante, como concluyó una investigación publicada en la gaceta Revista Sanitaria.

El día de hoy, alrededor del treinta  por ciento de la población mundial se ve expuesta a condiciones climáticas que superan el umbral de la mortalidad por calor a lo largo de, cuando menos, veinte días por año. Y, para el futuro, las previsiones no son nada alentadoras: se prevé que en dos mil cien, si no reducimos las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el porcentaje roce el cincuenta  por ciento . Obviar la amenaza por temperaturas altísimas podría provocar que estas acaben afectando a 3 cuartas unas partes de la población mundial, conforme una investigación reciente publicado en Nature Climate Change.

Si examinamos el Quinto Informe de Evaluación del IPCC (el Conjunto Intergubernamental de Especialistas sobre el Cambio Climático de la Organización de la Naciones Unidas), el más reciente hasta la data, desde mediados del siglo veinte han aumentado los días y las noches cálidos y, con ellos, tanto las olas como los golpes de calor. Estos consisten en “un incremento no controlado de la temperatura anatómico que genera un fallo multiorgánico”, explica Gómez Huelgas, que ve poco a poco más casos de este género, en especial en población de peligro, como ancianos y pacientes con enfermedades crónicas. De forma menos usual, los golpes asimismo afectan a gente más joven que efectúa actividades laborales o bien físicas bajo condiciones de elevadas temperaturas, como pueden ser la construcción, tareas agrícolas y adiestramientos deportivos.

La subida de las temperaturas y los cambios en los ecosistemas asociados a la urgencia climática debido a las sequías, la deforestación o bien el aumento del nivel del mar asimismo supondrán un incremento del número de enfermedades trasmitidas por insectos, como la malaria y el dengue. “Todas las enfermedades en las que intervienen reservorios y vectores tienen una gran capacidad de dispersión y son, por consiguiente, las más perjudicadas por el cambio climático y el cambio global, como hemos visto últimamente en el caso de la esquistosomiasis urogenital (una infección parasitaria) en Europa o bien las trasmitidas por mosquitos”, resalta María Dolores Bargues, presidente de la Sociedad De España de Medicina Tropical y Salud Internacional (SEMTSI).

Los vectores son organismos vivos que pueden trasmitir enfermedades infecciosas entre personas y asimismo de animales a humanos. Como cuenta Bargues, los mosquitos son los vectores más conocidos de enfermedades, si bien asimismo estarían las garrapatas, las moscas, los flebotomos –transmiten la leishmaniasis–, las pulgas, los triatominos –enfermedad de Chagas– y ciertos caracoles de agua dulce. De este modo, entre las enfermedades propagadas por estos insectos y moluscos que se van a ver perjudicadas por el cambio climático se cuentan ciertas bien conocidas, caso de la malaria, el dengue, la citada leishmaniasis y la fiebre amarilla; y otras no tanto, como la citada esquistosomiasis, la tripanosomiasis africana humana o bien enfermedad del sueño, el mal de Chagas, la encefalitis nipona y la oncocercosis o bien ceguera de los ríos.

Una investigación publicada en The Lancet equiparó el escenario mundial del dengue en mil novecientos noventa con una estimación para dos mil ochenta y cinco. Si en mil novecientos noventa prácticamente el treinta  por ciento de la población total –1500 millones de individuos– radicaba en zonas donde el peligro estimado de transmisión del dengue era superior al cincuenta  por ciento , en dos mil ochenta y cinco, con las proyecciones efectuadas sobre el cambio climático, la población bajo riesgo prácticamente se doblaría: se ubicaría entre el cincuenta  por ciento y el sesenta  por ciento y afectaría a en torno a cinco mil o bien seis mil millones de personas. Si no estuviésemos frente a un escenario de cambio climático, la proporción descendería hasta el treinta y cinco  por ciento .

“Muchas enfermedades trasmitidas por vectores son sensibles al tiempo, mas el dengue es la infección viral más esencial. La malaria asimismo va a aumentar en áreas hoy día demasiado frías para la propagación”, asevera Simon Hales, maestro en el departamento de Salud Pública de la Universidad de Otago (N. Zelanda) y autor primordial del estudio.

La malaria preocupa en especial en este país. Como recuerda la presidente de la ­SEMTSI, España consiguió el certificado de exterminación de la enfermedad en mil novecientos sesenta y cuatro. No obstante, a data de el día de hoy, los mosquitos vectores ­persisten en el territorio y han provocado ciertos casos de transmisión autóctona en los últimos tiempos. Esta situación, sumada al efecto del cambio climático, acarrea que haya mosquitos activos no únicamente en verano, sino más bien aun hasta los meses de octubre o bien noviembre, lo que aumenta el peligro de transmisión.

“La primordial consecuencia es que los periodos de propagación, no solo de la malaria, sino más bien de muchas otras enfermedades trasmitidas por mosquitos, se amplían, y puede darse el caso de contagio a lo largo de todo el año o bien que aparezcan ciertas enfermedades en países que ya antes no las sufrían”, alarma la especialista.

Podríamos decir que la polución ambiental y el cambio climático son 2 caras de una misma moneda. Por un lado, el incremento de emisiones de dióxido de carbono –el CO dos es un género de GEI– provoca el calentamiento global y este, por su parte, deriva en el cambio climático –que consiste en alteraciones globales en el tiempo de la Tierra–. Por otro lado, los GEI y las partículas en suspensión (PM, por sus iniciales en inglés) son responsables de la polución del aire.

En el mundo entero, la Organización de la Naciones Unidas calcula que la polución es la encargada de la muerte prematura de 7 millones de personas todos los años, incluidos seiscientos cero pequeños. Si nos fijamos en Europa, las muertes anuales debido a esta polución rozan las ochocientos cero y dismuyen la esperanza de vida más de un par de años, conforme una investigación publicado en el European Heart Journal. La mayor parte de estos decesos se generaron por enfermedades cardiovasculares.

“Esperamos un incremento esencial de las enfermedades cardiorrespiratorias; esencialmente, infartos de miocardio, insuficiencias cardiacas y anginas de pecho”, resume José Luis Palma, vicepresidente de la Fundación De España del Corazón. Si bien, de entrada, cualquier persona es susceptible de sufrirlas con un incremento de la polución ambiental, hay colectivos más frágiles, como los más pequeños, los ancianos, los pacientes inmunodeprimidos, los hipertensos, los diabéticos y las personas con procesos tumorales avanzados.

Luis Palma advierte de que están observando más hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca o bien por angina aquellos días en que los niveles de polución en las grandes urbes superan los límites establecidos. “La influencia en la salud cardiovascular es tremenda. Ya está constatado que el cambio climático y la polución ambiental inciden de forma muy negativa”, asegura.

Los dos fenómenos forman la pareja idónea para que asimismo aumenten otro género de trastornos: específicamente, las alergias. De esta forma lo describen múltiples estudios, como uno publicado en la gaceta Environmental Science & Technology, que concluyó que el Antropoceno –la actual era en la que nos hallamos, que se identifica por la evidente repercusión del ser humano– causa modificaciones químicas de los alérgenos –sustancias que provocan las reacciones alérgicas–, aumenta el agobio oxidativo –un género de deterioro celular– y desestabiliza el sistema inmunitario cara reacciones alérgicas.

Los responsables de estos efectos serían el dióxido de carbono, el ozono, los óxidos de ázoe y las partículas atmosféricas relacionadas con la combustión o bien el tráfico. “El incremento de las temperaturas y de la concentración de CO 2en el aire pueden provocar estaciones más largas de polen y trastocar la producción de este y la biodisponibilidad de los alérgenos”, comenta Kathrin Reinmuth-Selzle, estudiosa del departamento de Química Multifásica del Instituto Max Planck de Química (Alemania) y autora primordial del estudio.

Además, conforme Reinmuth-Selzle, los acontecimientos extremos pueden favorecer los brotes de asma que brotan a causa de las tormentas. Asimismo el cambio climático y la polución del aire provocarían que las personas sean más sensibles a las contestaciones alérgicas e inclusive alterar los propios alérgenos, lo que aumenta su potencial para producir una reacción en el organismo, como ocurre con el polen de abedul.

En lo que se refiere a las enfermedades de este género que van a ser más habituales, la estudiosa cuenta la rinitis alérgica, la alergia al polen de césped y abedul, el asma atópica, el eccema (dermatitis atópica) y las reacciones inmunológicas provocadas por comestibles.

Otra consecuencia de la crisis climática son los fenómenos meteorológicos extremos de mayor intensidad, como las sequías, los ciclones tropicales y los huracanes. En estos casos, las catástrofes que producen van acompañadas de graves problemas médicos para los miles y miles de afectados.

“Aparte de los daños físicos y la depresión o bien ansiedad que padecen las víctimas tras una catástrofe, la carencia de acceso al agua bebible aumenta el peligro de diarrea y la escasez de comestibles favorece la malnutrición”, destaca Anna Fernández Ortiz, organizadora del conjunto de trabajo en Salud Planetaria y responsable de la SecciónJóvenes Médicos de Familia de la Sociedad De España de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

Como hemos visto, entre dos mil treinta y dos mil cincuenta, cerca de cincuenta cero personas morirán por año por diarrea. ¿Y qué favorece esta perturbación intestinal? La carencia de agua bebible, algo que resulta frecuente en situaciones de sequía o bien con fenómenos extremos en los que se contaminan las fuentes de corriente limpia. Algo afín sucede con las tierras de cultivo: la escasez o bien el exceso de agua reducirán las cosechas y la diversidad de los comestibles cultivados en ciertas zonas, lo que desembocará en situaciones de apetito y malnutrición.

El cambio climático empeorará las condiciones de vida de labradores, pescadores y quienes viven de los bosques, poblaciones ya por sí frágiles y con inestabilidad alimenticia, conforme advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Nutrición (FAO). “Como en otras situaciones, el cambio climático aumenta las desigualdades en la salud entre ricos y pobres, y las enfermedades afectan más a estos últimos”, se lamenta Fernández Ortiz.

Aparte de provocar falta de agua, el calentamiento global asimismo repercutirá de forma negativa en su calidad. “Unas temperaturas más elevadas podrían provocar que se dispare la proliferación de microorganismos como la legionela”, señala Cristina Rius, miembro de la Sociedad De España de Epidemiología y jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barna. Además de las enfermedades físicas, la salud mental asimismo se resentirá por culpa de la crisis climática. Por una parte, desgracias asoladoras, como huracanes y tornados, van a dejar sin hogar a miles y miles de personas, provocando por servirnos de un ejemplo crisis de ansiedad y cuadros de depresión; en verdad, la mitad de los supervivientes del huracán Katrina, de dos mil cinco, desarrollaron un trastorno de agobio postraumático aun sin haber sufrido pérdidas físicas directas, como descubrió una investigación.

Mas, además de esto, va a haber otras víctimas más sigilosas, mucho menos evidentes, que sufrirán las consecuencias de los cambios en el planeta. Por servirnos de un ejemplo, la exposición extrema al calor lleva aparejado un agotamiento en personas frágiles y otros peligros para la salud mental, incluyendo el suicidio.

Conforme una investigación publicada en Nature Climate Change, las tasas de suicidio en E.U. y México ascendieron un 0,7  por ciento y un dos,1  por ciento , respectivamente, cuando las temperaturas mensuales promedio aumentaron en un grado. Si sus estimaciones se cumplen y siguen subiendo a ese ritmo, de acá a dos mil cincuenta podrían quitarse la vida entre nueve mil y cuarenta personas más en estos 2 países, que es el equivalente al número de suicidios que acostumbran a acompañar a una recesión económica.

Los especialistas en salud pública, epidemiólogos, cardiólogos, siquiatras y médicos de atención primaria urgen a las autoridades a cumplir los compromisos internacionales, como el Pacto de la ciudad de París, para intentar frenar el cambio climático. Mas ¿están preparados estos profesionales para el repunte de enfermedades que se aproxima?

Especialistas del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) aceptan que, en lo que se refiere a las enfermedades infecciosas trasmitidas por comestibles, agua y vectores en Europa, las prácticas de vigilancia actuales precisarían “algunos ajustes”. Sin embargo, resaltan el buen funcionamiento de la base de datos y la red de especialistas que comparten con la Autoridad Europea de Seguridad Alimenticia (EFSA) sobre la distribución de vectores y microorganismos infecciosos en Europa y en la cuenca mediterránea.

En España, en dos mil cuatro se creó el Centro de Coordinación de Alarmas y Urgencias Sanitarias, que dirige la administración de la información y apoya en la contestación ante situaciones de alarma o bien urgencia sanitaria que supongan una amenaza para el bienestar de la población.

“Numerosas organizaciones están cooperando para asegurar la capacitación de los médicos en temas de salud y medioambiente”, destaca Fernández Ortiz, quien cita a la OMS, la Organización de la Naciones Unidas, la Planetary Health Alliance y otras entidades que ofrecen cursos de postgrados para profesionales sanitarios sobre salud global y hablas para implicar a la población. Semeja que están listos para lo peor. ¿Y ?

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