¿Es verdad que leyendo el Quijote se aprende medicina?

Don Quijote de la Mácula, considerada una de las obras más esenciales y también influyentes de la prosa moderna occidental, contiene muchas referencias de interés para prácticamente todas las especialidades médicas. En este sentido, en la obra de Miguel de Cervantes se pueden localizar numerosas referencias a la medicina neurológica. Se describen fenómenos neurológicos desperdigados durante la novela, incluidos temblores, trastornos del sueño, síntomas neuropsiquiátricos, demencia, epilepsia, parálisis, accidente cerebrovascular, síncope, traumatismo craneoencefálico y cefalea. Una investigación publicado en dos mil siete en British Medical Journal relacionó estos síntomas con descripciones de esas condiciones en la literatura médica de la temporada. Examinaron las fuentes de información neurológica de Cervantes, incluyendo las obras de reconocidos autores españoles como Juan Huarte de San Juan, Dionisio Daza Chacón y Juan Valverde de Amusco, y propusieron la hipótesis de que el trastorno de Don Quijote era realmente una afección neurológica. Si bien Cervantes lo escribió hace muchos siglos, Don Quijote contiene muchas referencias a la medicina neurológica, y muchas de las ideas y conceptos reflejados en él prosiguen siendo de interés.

Recordemos que Miguel de Cervantes escribía al tiempo que William Shakespeare. A inicios del siglo XVII, España atravesaba un periodo particularmente obscuro en el que la Inquisición se cercioraba de que no se dejara la entrada de ideas científicas del resto de Europa. Al tiempo que en Flandes Vesalius estaba desarrollando nuevos conceptos anatómicos y quirúrgicos, en España los médicos siguieron usando técnicas primitivas como purgas, sangrías y paños calientes. Por lo general, el público se mostró incrédulo de la profesión médica y otros escritores contemporáneos escribieron con mucha dureza sobre los médicos. Cervantes siempre y en toda circunstancia fue justo en este sentido, y encomió la buena práctica de la medicina al tiempo que criticó lo que veía como acciones irresponsables: “Hay médicos que, tras matar a los enfermos que atienden, aún desean que se les pague tras su trabajo, que no es otra cosa que firmar una receta para algún fármaco «.

Esta actitud ecuánime cara la profesión, así como su extenso conocimiento de la medicina, ha dado sitio a múltiples hipótesis, ciertas aun insinuando que Cervantes era médico. No obstante, lo que se sabe es que su padre era cirujano barbero y seguramente se aguardaba que el joven Cervantes prosiguiera con el oficio de su padre. Los cirujanos barberos, de menor rango que los médicos, daban enemas, vendían bálsamos y sacaban dientes. Ser testigo de estas prácticas y leer los libros de su padre, conjuntado con su enorme habilidad como observador, indudablemente contribuyó a sus magistrales descripciones.

No extraña que la novela haya influido en médicos conocidos como Freud y Santiago Ramón y Cajal.

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