¿Es la COVID-diecinueve una enfermedad estacional?

Incidencia IA14 (casos/100 cero habs. en los últimos catorce días) y IA14 normalizada por la superficie de la provincia de cada país diez días tras el inicio de la epidemia. En todos y cada caso, dependiendo de la temperatura y temperatura de punto de rocío media de la provincia entre el catorce de febrero y el quince de marzo de dos mil veinte. El asterisco azul es Lombardía (IT) que está meridianamente fuera de la curva de ajuste para Italia si se tiene presente su superficie

Los contagios no han disminuido a lo largo del verano en el hemisferio norte. Esto ha ocurrido en especial en aquellas zonas con poca o bien nula promoción de las medidas higiénicas de contención del virus, como los estados del sur de EE. UU. Además de esto, ha habido y hay incidencias muy elevadas de la enfermedad en zonas tropicales. En el caso de España, la segunda ola se ha producido en pleno verano.

Entonces, ¿cuál es la repercusión de la temperatura, la humedad y la radiación solar en la transmisión del SARS-CoV-dos?

Para contestar a esta pregunta, hay que tener en consideración que las condiciones ambientales influyen en la transmisión de la enfermedad, y de otras muchas, conforme 3 aspectos diferentes.

Factores sociológicos

Las condiciones ambientales alteran nuestros hábitos vitales. En verano acostumbramos a pasar menos tiempo en interiores. Esto debería haber ayudado a reducir la transmisión, puesto que se ha probado que el peligro de contagio de la COVID-diecinueve puede ser hasta veinte veces mayor en interiores.

Esto puede deberse a que la transmisión se genera, no solo a través de gotas balísticas que caen velozmente al suelo, sino más bien asimismo por medio de partículas líquidas más pequeñas llamadas sprays que espiramos al respirar, charlar, toser o bien cantar y que pueden contener virus activos.

Los sprays pueden continuar suspendidos en el aire a lo largo de múltiples minutos en función de su tamaño y de las condiciones ambientales (los movimientos de aire que haya). Esto implica que la COVID-diecinueve puede trasmitirse asimismo a distancias mayores de dos m, singularmente en interiores mal ventilados con bastante gente sin mascarilla, si se habla alto, se canta o bien se respira con intensidad.

Factores microbiológicos

Las condiciones ambientales asimismo influyen en el tiempo que el virus se sostiene activo en el aire o bien sobre una superficie, si bien esta última vía de contagio (mediante fómites) semeja que es menos esencial de lo que se creía.

En un entorno hospitalario se ha encontrado SARS-CoV-dos en el aire hasta cuatro m de distancia del paciente y sobre diferentes superficies, donde puede continuar activo entre unas horas y más de un día, en dependencia de la superficie. No obstante, otro estudio advirtió el virus en el aire y sobre distintas superficies de las habitaciones de planta, mas no en las 3 habitaciones de UCI analizadas.

Es esencial indicar que, a fin de que se genere infección, no es suficiente con que el virus esté presente en el aire o bien sobre una superficie; asimismo debe estar activo. Tras un tiempo, que depende de la superficie, el virus queda inactivo, o sea, no causa la enfermedad.

De forma afín, una persona, pese a tener incluso una PCR + (se advierte virus o bien fragmentos de virus en una muestra), si no tiene síntomas, puede salir del aislamiento tras diez-catorce días del inicio de los síntomas o bien del resultado de la prueba pues no puede trasmitir la COVID-diecinueve.

Se ha probado que la radiación ultravioleta del sol inactiva el virus tras unos pocos minutos. Dependiendo de la intensidad solar, a veintiuno ℃ y cuarenta por ciento de humedad relativa, el virus en el aire puede pasar de estar activo 1 hora a dos minutos.

Debido a los precedentes factores, los parques a lo largo del día son ambientes con un peligro de transmisión bajo. Cerrarlos, una medida sin respaldo científico hasta el momento, puede ser aun contraproducente: las interactúes sociales entre pequeños van a ser entonces en interiores, donde no hay radiación solar y la ventilación es menor.

Por otro lado, la radiación ultravioleta (UV) C –no presente en la luz solar que llega a la superficie terrestre– asimismo inactiva el SARS-CoV-dos. De ahí que se ha propuesto como procedimiento para reducir la concentración del virus en interiores con bastante gente y sin ventilación eficaz. Sin embargo, es preciso revisar que este género de radiación no genera lesiones cutáneas.

La temperatura y la humedad relativa asimismo influyen en el tiempo de inactivación de los virus que se transmiten por vía aérea.

En el caso del SARS-CoV-dos tenemos estimaciones del tiempo de vida tanto sobre superficies interiores como en el aire, si bien su efecto es menor que el de la radiación solar.

Generalmente, la vida media del virus es mayor en entornos fríos, singularmente cuando la humedad relativa es baja. Esto, al lado de una mala ventilación, seguramente explique ciertos brotes registrados en industrias de procesado de comestibles, eminentemente cárnicas.

El fenómeno asimismo podría explicar por qué razón la incidencia ha aumentado en zonas, como el sur de los EE. UU., con elevadas temperaturas, donde el aire acondicionado (que asimismo reduce la humedad relativa) es frecuente y la vida se hace mayoritariamente en el interior. En este sentido, se aconseja sostener la humedad relativa en valores altos, mas siempre y en todo momento en los rangos de confort.

En todo caso, si no se respeta la distancia en interiores, el efecto de la temperatura o bien la humedad sobre la vida media del virus y, por consiguiente, sobre la transmisión de la COVID-diecinueve, es reducido.

Factores fisiológicos

Por último, si bien no hay prácticamente estudios concretos sobre COVID-diecinueve, se ha comprobado que la temperatura, la humedad y la radiación solar alteran nuestra susceptibilidad a contagiarnos de una enfermedad infecciosa respiratoria.

Estas variables cambian nuestra capacidad para impedir que los virus entren en las vías respiratorias o bien mejoran nuestro sistema inmunitario. Esto es un factor esencial para explicar la estacionalidad de ciertas infecciones respiratorias debidas a virus, como la gripe.

La radiación solar, mediante la UVB, favorece la generación de vitamina liposoluble D en la piel. La vitamina liposoluble D mejora la contestación inmune y ayuda a reducir el peligro de contagiarse o bien fallecer por una enfermedad infecciosa.

Por su lado, respirar aire a bajas temperaturas reduciría la temperatura del epitelio nasal, reduciendo la eficiencia de las defensas respiratorias locales. Esto haría que las fosas nasales pierdan en parte la capacidad de impedir que las partículas que transportan el virus entren en las vías respiratorias.

¿Qué va a pasar a lo largo de los próximos meses?

Para resumir, el efecto de la radiación, la temperatura y la humedad en el SARS-CoV-dos, y en nuestro cuerpo, como el cambio de hábitos cuando llega el frío, pueden facilitar la transmisión del virus en otoño y también invierno. Esto podría explicar en parte el incremento de casos hoy día en Europa, y lo que pasa con otras muchas enfermedades infecciosas respiratorias (incluyendo la pandemia por gripe de mil novecientos dieciocho). De ahí que ciertos científicos predijeron la segunda ola de la COVID-diecinueve para el otoño en el hemisferio norte.

No obstante, hay otros muchos factores, como por poner un ejemplo las medidas de prevención, la realización de pruebas PCR y el estudio de contactos siguiente y, sobre todo, la carencia de inmunidad de la población, que muy seguramente afecten más a la transmisión de la COVID-diecinueve, como desgraciadamente hemos podido revisar en España este verano.

El creador agradece al doctor P. J. Cardona (IGTP, @pjcardona) su incalculable ayuda para entender de qué forma la temperatura y la humedad influyen en las condiciones de las vías respiratorias superiores.

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