¿En qué momento va a ser el coronavirus como un catarro frecuente?

Si nos hubiesen preguntado sobre la distancia social, habríamos pensado en comportamientos insociables, elististas o bien, aun, racistas. Mas, en ningún caso habríamos hablado de estar a más un metro y medio de distancia del resto día a día.

Un año y medio de pandemia nos ha llevado a meditar que éramos irresponsables y que dábamos demasiadas ocasiones a la naturaleza a fin de que se vengase de nosotros. Ahora nos consideramos culpables de todo cuanto nos ocurre y miramos asustados alrededor buscando guías, salidas, confinamientos y otras limitaciones. Ahora, en ciertos instantes, nos sentimos más seguros cuando estamos apartados.

¿Era un fallo la vieja normalidad?

No obstante, no no cabe duda de que nuestra vida normal fuera un fallo. Los contactos sociales nos dejaban fortalecer las relaciones entre los miembros de la comunidad. Además de esto, desde el punto de vista microbiológico, nos dejaban formar una comunidad de microorganismos que compartimos entre todos y cada uno de los que convivimos en una urbe o bien en un conjunto social.

Estos microorganismos compartidos estimulan nuestra contestación inmune, nos dejan estar protegidos frente otros virus y bacterias con los que nos hallamos a diario. Además, participan activamente en la digestión de los comestibles que consumimos.

No vivimos en una burbuja estéril sino más bien en un ambiente cargado de microorganismos con los que, evolutivamente, hemos aprendido a convivir. Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución. Miremos con esa luz nuestra relación con los microorganismos.

¿Quién nos enseñó a comportarnos de este modo?

Una parte de ese aprendizaje evolutivo de nuestra especie queda reflejada en nuestro comportamiento. Nos agradaría meditar que nos tocamos, nos besamos, nos aproximamos y compartimos objetos por comportamientos decididos racionalmente.

No obstante, la verdad es que todos esos comportamientos han sido escogidos o bien tolerados evolutivamente. Son una parte de la domesticación de nuestra especie. Esto es, con el tiempo, aquellas variaciones de nuestra especie mejor adaptadas a vivir en un ambiente microbiano dado han sido elegidas y han prevalecido en la población.

Por su lado, las variaciones microbianas que mejor podían establecerse en nuestras poblaciones han predominado en frente de otras más mortales que, suprimiendo al huésped, complicaban su transmisión.

A este proceso de coevolución lo podríamos llamar domesticación: domesticación de los humanos y de los microorganismos. Si bien quizás sería más adecuado mudar el término de domesticación (de domus, casa) por el de urbanización (de urbs, urbe) puesto que las comunidades microbianas con las que vivimos son las escogidas por nuestra vida en poblaciones poco a poco más espesas. De ahí que, volveremos a nuestra vida normal, puesto que es la que nos deja vivir mejor en comunidad.

Efectivamente, aparecerán nuevos patógenos aproximadamente virulentos que se introducirán en nuestra comunidad y generarán nuevas epidemias y pandemias. Es un accidente natural imprevisible que se levanta como una enorme ola que barre todo cuanto halla.

No obstante, la ola va a pasar y el mar volverá a la calma. Volveremos a nuestra vida normal por el hecho de que es el resultado de nuestro proceso de selección: la vida en comunidad semeja compensar evolutivamente el peligro de la aparición de epidemias.

El coronavirus no va a desaparecer en la nueva normalidad

Este coronavirus se va a quedar viviendo en nuestra especie permanentemente. No cumple ninguno de los presuntos que dejaría meditar en su exterminación. Se trata de un virus amoldado a la población humana con reservorios animales, la enfermedad que genera no tiene un diagnóstico claro y diferente y no disponemos de una vacuna con una eficiencia suficiente.

Además de esto, el coronavirus es un virus de ARN que, si bien no es tan variable como el virus de la gripe, es muy variable, con lo que van a poder aparecer nuevas cepas que escaparán parcialmente a nuestro sistema inmune y van a poder generar oleadas epidémicas de gravedad variable.

Sin embargo, es de aguardar que estas oleadas tiendan a ser menos pronunciadas en el futuro, si bien puedan surgir esporádicamente nuevas variaciones pandémicas como ocurre en el caso de la gripe.

¿Convivirá con nosotros el coronavirus en la nueva normalidad?

Las consecutivas olas de infección a personas vacunadas o bien que hayan pasado la enfermedad van a hacer que la inmunidad individual y grupal se extienda a toda la población. El coronavirus SARS-Cov2 va a pasar a ser un nuevo virus de catarro invernal que generará casos graves ocasionalmente.

Esta protección ocasionada por la circulación con baja incidencia del virus en la comunidad inmunizada se generará cuando volvamos a la vida normal que describíamos al comienzo de este artículo.

El mantenimiento de las medidas de aislamiento social y otras medidas destinadas a la reducción de la movilidad de la comunidad microbiana con la que convivimos reducirá el efecto protector de esta convivencia. De este modo, nos va a hacer más susceptibles a los microorganismos que nos rodean y en frente de los que estamos protegidos por el contacto ocasional frecuente de nuestra vida normal.

El inconveniente esencial de las pandemias es el colapso del sistema sanitario y del sistema social. Una vez controlada la fase crítica que causa dicho colapso, la vida normal escogida evolutivamente a lo largo del proceso de domesticación de la humanidad volverá a predominar. Es de esta manera como ha ocurrido tras todas y cada una de las pandemias precedentes que ha sufrido nuestra especie.

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