el inconveniente de leer pantallas en vez de libros

La mayor parte de nosotros leemos más que jamás, mas eludimos leer textos larguísimos que requieran muchos minutos de concentración sostenida para ir siguiendo un razonamiento lógico paso por paso, o bien para simpatizar con las reflexiones de una persona, o bien para introducirnos en una historia marcada de detalles y matices.

Estamos rodeados de información que nos ataca por medio de las pantallas. De esta manera, si bien un ciudadano medio lee el equivalente a una novela al día, realmente no está procesando una novela, sino más bien fragmentos de distintas novelas sin apenas hilazón. El inconveniente es que, tras la lectura diaria de este rompecabezas del tamaño de una novela, ya no tenemos tiempo, ni ganas, de leer un libro de veras.

Y sin lectura profunda, semeja que es más bastante difícil que se genere pensamiento profundo, crítico, pormenorizado. Por lo menos, en una investigación de reconocimiento de imágenes de cerebros de estudiantes de literatura efectuado por Natalie Phillips, se observó que había una menor activación en la lectura casual que en la lectura atenta o bien profunda.

La sobrecarga de información que nos llega mediante las pantallas asimismo demanda leer veloz, contestar veloz, retuitear veloz, desplazarse de manera veloz por los links, dejar un blog post a medias por el hecho de que recibimos un mensaje, etcétera Esto fuerza a facilitar, a procesar información a más velocidad, a meditar en rachas breves y a elegir o bien quitar información para optimar el tiempo. Nos decantaremos de esta manera, en verdad, por leer información más veloz y destilada por medios.

Todo ello supone la antítesis de la reflexión y el entrenamiento del sentido crítico. En otras palabras, dejamos de consumir más cultura que ya antes pese a que consumimos más información.

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