¿El cambio de hora daña la salud?

¿El fin del cambio horario en dos mil veintiuno?

Prácticamente desde su instauración, el paso del horario de verano a invierno y a la inversa ha sido un tema sobre el que discutir y en el que las posturas acostumbraban a no ceder terreno. Popularmente, el razonamiento más conocido y esgrimido por aquellos que estaban en favor del cambio de hora era el del ahorro energético que este acarreaba. No obstante, ha pasado bastante tiempo desde los miedosos años blog post crisis del petróleo y el consumo ya no está tan ligado a las horas de sol. La gente ha alterado sus costumbres y formas de consumir, con lo que hoy en día se pone en duda que este prosiga siendo un razonamiento válido.

Basándonos en abundantes estudios científicos que señalan los efectos negativos del cambio de hora sobre la salud humana y a una serie de preocupaciones manifestadas por los ciudadanos en diferentes ideas, en el mes de febrero de dos mil dieciocho el Parlamento Europeo publicaba una resolución en la que instaba a la Comisión a efectuar una “evaluación pormenorizada de la presente directiva de arreglos de horario de verano”. Se hizo una consulta pública cuyos resultados señalaron que una apabullante mayoría de la población estaba en favor de la eliminación del cambio de hora estacional. A fin de que la propuesta tenga efecto legal, el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo se deben poner conforme.

En el tercer mes del año de dos mil diecinueve, el Parlamento Europeo adoptó su situación sobre la propuesta de la Comisión, apoyando el cese de los cambios de hora para el año dos mil veintiuno. El Consejo, por su lado, todavía no ha determinado su situación. En el caso de adoptarse esta medida, cada país va a deber decidir si se queda con el horario de invierno o bien de verano. Los países que se quieran quedar con el horario de invierno cambiarían sus relojes de hora por última vez en el mes de octubre de dos mil veintiuno.

El primordial escollo a fin de que se apruebe esta propuesta se encuentra en que, si unos países se quedan con un horario y otros con el otro, estas diferencias podrían afectar al funcionamiento del mercado único de la UE.

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