El apogeo de la industria del juego para videoconsolas en Suecia

La fórmula del éxito norteño

Desde hace unos años, Suecia se ha transformado en un referente mundial de 2 campos que se unen en perfecta armonía en los videojuegos: la tecnología y el diseño. Del primero podríamos resaltar esos ladrillos con los que Ericcson conquistó el mercado europeo en telefonía móvil y que, para su tiempo, fueron algo absolutamente rompedor. Del segundo, bastaría con mentar al gigante IKEA y su democratización del diseño muy elegante y moderno de los creativos suecos al alcance de cualquier bolsillo. Estas 2 disciplinas padecieron una extrapolación y se aplicaron al planeta del juego, dando sitio a productos cuidados y con un sello meridianamente identificable.

A estos 2 elementos clave, que sirven como base de esta industria jugona, hay que sumar la innovación y competencia que los países norteños han probado tener más que asumida en su cultura. Ya en los años ochenta, cuando el mercado de los juegos para videoconsolas estaba bajo control por empresas niponas, estadounidenses y británicas, brotó en Suecia un pequeño mercado nacional en el que los desarrolladores empleaban ordenadores personales como el Comodore sesenta y cuatro o bien el Amiga para probar sus habilidades y crear pequeños productos que eran conocidos como Demo scenes. Como pasaría con Apple, de estos conjuntos de apasionados brotarían con los años empresas referentes en el ámbito (véase el ejemplo de DICE, responsable de la franquicia Battlefield).

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