‘Dragon Ball Z Kakarot’ y la eterna pelea que no tiene fin

Imagen: Bandai Namco.

Un caso de ello está en los Dragon Ball Xenoverse 1 y dos, títulos con unas mecánicas ramplonas y unos acabados gráficos que rozan lo anticuado; estos juegos tenían un sistema de misiones secundarias prácticamente infinitos y consistían en enfrentarse a todo género de contrincantes con dos variaciones en todos y cada combate. Y de esta manera todo el rato. Mas en los dos tengo amontonadas decenas y decenas de horas. Los 2 (Kakarot y Xenoverse) tienen sistemas de recompensa muy esclavos y vetustos a más no poder y pese a ello he estado muy enganchado a los dos. Como se acostumbra a decir, un guilty pleasure o bien placer culpable.

Los fanes acostumbramos a pasar por el aro cuando se nos da un poco de lo que le solicitamos a Dragon Ball Z como entidad videojueguil. Excusamos texturas repetidas, gameplay poco ambicioso y demás concesiones. No obstante, este DBZ Kakarot se hace considerablemente más simple de disculpar pues consigue que todavía resulte excitante reunir las bolas de dragón una y otra vez, derrotar a un oponente en estado de Super Saiyan, chocar un Kamehameha y un Galick Ho mientras que pulsas cuadrado como un desquiciante para poder ver qué ataque vencerá y vivir de nuevo aquella historia que en tantas ocasiones se nos ha contado.

Hay ideas refulgentes, como esa enciclopedia Z que está infestada de información y detalles para los más entusiastas de la franquicia. Las cinemáticas prerrenderizadas son vibrantes y nos retrotraen a nuestra niñez, uno no se fatiga de desplazarse por el mapa, salvo por los contrincantes, y un puñado de instantes en los que DBZ Kakarot reluce con luz propia.

De ahí nace esa empatía que siento frente a los entusiastas y los opositores de este Dragon Ball Z Kakarot: muchos le disculpan la lista de fallos que comete en busca de la añoranza y merced a de qué forma y en qué momento Cyberconnect sabe qué tecla pulsar, activa ese ya tan convocado “mecanismo de la nostalgia”. Mas no se puede huir de lo evidente, es un juego con un planteamiento ambicioso y una ejecución pobre que, es muy normal que irrite a una gran parte de los fanes puesto que Dragon Ball merece considerablemente más.

Es donde confluyen los posos de nuestro pensamiento lugar desde donde debemos efectuar la crítica y el análisis de esta clase de productos, elaborados de manera expresa desde el fan y para el fan. Es un ejercicio formidablemente complejo de hacer y no podemos quedarnos en nuestra torre de marfil o bien de Karin, posicionándonos en un lado o bien otro; debemos separarnos, desposeernos de nuestros recuerdos y sentimientos para poder reconocer los pespuntees que tanto tiempo llevamos aceptando en las adaptaciones de Son Goku a consolas.

Dragon Ball Z Kakarot se aleja de ser el juego terminante sobre la obra magna de Akira Toriyama mas sus puntuales aciertos pueden ser los precisos a fin de que entre tanto fuego y destrucción, se atisbe algo de luz.

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