¿Desde en qué momento existen los años bisiestos?

El año bisiesto se introdujo para acompasar nuestro calendario y el movimiento orbital en la ciudad de Roma, bajo el mando de Julio César, asesorado por el matemático y astrónomo Sosígenes de Alejandría. César decidió que, en el calendario juliano (llamado de este modo en su honor), uno de cada 4 años tendría trescientos sesenta y seis días, uno más que los años comunes. De esta forma se cercioraba de que los meses del año proseguían el ritmo de las estaciones. De entrada, el día «extra» del año bisiesto se intercaló entre los días que el día de hoy corresponden al veintitres y el veinticuatro de febrero.

La desincronización se resolvió solo aproximadamente:, puesto que la Tierra no llega al mismo punto de su órbita en precisamente un número entero de días (trescientos sesenta y cinco) más una cuarta parte de día. Específicamente, se agregan cuarenta y cuatro minutos y cincuenta y seis segundos de más cada 4 años, esto es, prácticamente 8 días por milenio. La diferencia se amontona en todos y cada revolución de la Tierra alrededor del Sol, y llegó a ser esencial múltiples siglos una vez que Julio César ideara su calendario. Por eso en el año mil quinientos ochenta y dos d.C., el Papa Gregorio XIII, aconsejado por los astrónomos Christopher Clavius y Luigi Lilio, optase por introducir una reforma que consistía en ajustar los años bisiestos de forma que los años fraccionables por 100 mas no por cuatrocientos dejaran de tener trescientos sesenta y seis días. De esta forma se evitaba el desfase que se estaba generando al intercalar excesivos años bisiestos, puesto que se eliminaban 3 días cada 4 siglos.

De este modo, el año mil seiscientos fue bisiesto y lo fue asimismo el dos mil (todos 2 son fraccionables por cuatrocientos), mas fueron años naturales mil setecientos, mil ochocientos y mil novecientos, y lo va a ser el dos mil cien.

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