¿Cuál fue el mayor accidente de aeroplano de la historia?

Una lección aprendida

A causa del accidente se han ido introduciendo diferentes mejoras que hacen poco probable que un accidente como el vivido en la isla tinerfeña vuelva a suceder. Por una parte, se alteraron las fórmulas de comunicación entre pilotos y torre de control para eludir posibles equívocos, destinando el empleo exclusivo del término take-off (despegar) a la autorización para despegue. Este término se usaba para múltiples órdenes y pudo generar un equívoco entre la tripulación del aeroplano holandés y los controladores aéreos.

Además de esto, se mejoraron los protocolos de actuación en cabina, promoviendo el trabajo en grupo. Hasta ese momento, la actuación en la cabina de los aeroplanos se comprendía en una jerarquía afín a la militar en la que no era frecuente poner en duda las órdenes del conduzco. Tras la escucha de la charla de la cabina del aeroplano de KLM, se oye como el copiloto y el ingeniero de vuelo alertan sobre el hecho de que no dispusiesen de permiso para despegar. Advertencia que el conduzco no dio mucha relevancia y que los otros 2 miembros de cabina no se atrevieron a discutir.

Por último, el aeropuerto de los Rodeos fue remodelado y se instaló un radar de tierra que facilita el trabajo de los controladores. En nuestros días, la isla cuenta con un segundo aeródromo, aeropuerto Tenerife – Sur, localizado en una zona donde la capacitación de bancos de bruma es menos frecuente. Este aeropuerto absorbe la mayoría del tráfico aéreo de la isla, al tiempo que los Rodeos opera en su mayor parte un tráfico interinsular de aeroplanos pequeños.

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