▷ Historia de la Contabilidad | dos mil veintiuno

Todo el planeta precisa un contador, o bien eso afirma el refrán. Mas ¿por qué razón sería eso? La historia de la contabilidad se remonta a miles y miles de años hasta la cuna de la civilización en Mesopotamia y diríase que se desarrolló así como la escritura, el recuento y el dinero. Los primeros egipcios y babilonios crearon sistemas de auditoría, al paso que los romanos compendiaron información financiera detallada.

La contabilidad es la básica herramienta que registra, notifica y evalua los cálculos económicos y las transacciones que pueden llegar a una compañía. Toda empresa precisa efectuar un seguimiento del flujo de dinero que entra y sale de sus cuentas para tener una imagen precisa de su auténtico bienestar financiero. Habiendo logrado ese conocimiento, las compañías están capaces para decidir financiera y estratégicamente sobre su porvenir.

La necesidad de llevar registros contables se remonta a hace más de cinco mil trescientos años en los minuciosos registros de los contables del viejo Egipto que efectuaban un seguimiento de las mercaderías en los guardes reales. Los historiadores piensan que este viejo registro fue la base de la invención de la escritura y los números. No obstante, se cree que los progenitores de la contabilidad son los venecianos de los siglos XIV al XVI.

Ciertos primeros contables se emplearon alrededor del año trescientos a. de C. en Van a ir, donde se descubrieron fichas y guiones contables. Alrededor del primer milenio, los fenicios idearon un sistema alfabético para la contabilidad, al paso que los viejos egipcios aun pudieron haber asignado a alguien el papel de contralor.

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Origen italiano

En mil cuatrocientos noventa y cuatro, el matemático Luca Pacioli publicó el primer tratado de contabilidad impreso del planeta titulado El conocimiento compendiado de aritmética, geometría, proporción y proporcionalidad en el que describe el empleo de la contabilidad de doble entrada usada por los mercaderes venecianos. Traducido a muchos idiomas, se transformó en el texto de referencia y la herramienta de enseñanza a lo largo de los próximos cientos y cientos de años.

Con el comienzo de la revolución industrial en mil setecientos sesenta, hubo una proliferación de empresas y la necesidad de sistemas contables más avanzados. El desarrollo de las corporaciones asimismo creó conjuntos más grandes de inversores y estructuras de propiedad más complejas, todo lo que requirió la adaptación de los sistemas contables.

Escocia actualiza la contabilidad

La profesión moderna asimismo tiene sus raíces en Escocia a mediados del siglo XIX, cuando el Instituto de Contadores de Glasgow pidió a la reina Victoria una Carta Real, a fin de que los contadores pudiesen distinguirse de los abogados, puesto que a lo largo de un buen tiempo los contadores habían pertenecido a asociaciones de abogados. que ofrecería contabilidad aparte de los servicios legales de una firma. En mil ochocientos cincuenta y cuatro, el instituto adoptó el término «contador público» para sus miembros, un término y una demarcación que aún tiene peso legal a nivel del mundo hoy día.

La solicitud fue firmada por cuarenta y nueve contables de Glasgow, y arguyó que la profesión contable había existido a lo largo de un buen tiempo en Escocia como una profesión diferente de gran respetabilidad y que el pequeño número de profesionales había aumentado velozmente. La solicitud resaltó además de esto las diferentes habilidades que se requieren para ser un contador profesional – aparte de las habilidades matemáticas, un contador precisaba estar familiarizado con los principios legales generales, puesto que de forma frecuente los tribunales los empleaban para prestar patentiza sobre temas financieros – en tanto que aún lo son el día de hoy día.

En mil ochocientos cincuenta y cuatro, la reina Victoria creó la profesión de contadores públicos tras conceder una carta real al Instituto de Contadores de Glasgow y abrió el camino para la profesión contable moderna y formal. La primera sociedad contable nacional de EE. UU. Se estableció en mil ochocientos ochenta y siete.

La profesión de contabilidad se reconoció con una ley en mil ochocientos noventa y seis estableciendo que el título como contador público se le daba a quienes aprobasen los exámenes del Estado teniendo entonces tres años de experiencia en el campo. En mil novecientos dos, una Ley del Parlamento de Canadá incorporó al Instituto Canadiense de Contadores Públicos, al paso que la Asociación de Contadores Generales Certificados se creó en mil novecientos ocho en la ciudad de Montreal y se incorporó a nivel federal en mil novecientos trece.

Revolución industrial

La revolución industrial en G. Bretaña estaba en marcha desde mediados del siglo XIX y la capital londinense era el centro de finanzas de todo el planeta. Mientras que la sociedad iba medrando con una responsabilidad que tenía limite, la fabricación y la logística estaba a una escala grande. La demanda de contadores comenzaba a acrecentar y había más competencia. Eran capaces de poder desplazar el planeta con las transacciones globales.

La creciente relevancia de los contables asistió a convertir la contabilidad en una profesión, primero en el R. Unido y después en los E.U.. En mil novecientos cuatro, 8 personas formaron la Asociación de Contadores de la ciudad de Londres para abrir la profesión a una audiencia más extensa de la que estaba libre mediante las asociaciones más viejas del R. Unido. Después de múltiples cambios de nombre, la Asociación de Contadores de la ciudad de Londres adoptó el nombre de Asociación de Contadores Certificados Autorizados (ACCA) en mil novecientos noventa y seis.

Relevancia de la moral

No todo ha sido fácil para la profesión contable. El siglo veintiuno ha sido testigo de ciertas acciones inciertas de los contables que han provocado escándalos a gran escala. Los escándalos de Enron en dos mil uno sacudieron la industria contable, por poner un ejemplo. Arthur Andersen, una de las firmas contables más grandes del planeta en ese instante, cerró.

Más tarde, bajo la Ley Sarbanes-Oxley últimamente introducida, los contadores ahora encaran limitaciones más severas en sus trabajos de asesoría. No obstante, irónicamente, desde Enron y la crisis financiera de dos mil ocho, los contadores han tenido una enorme demanda, en tanto que las regulaciones corporativas han aumentado y se requiere más experiencia para cumplir con los requisitos de presentación de informes.

En el siglo veintiuno, la contabilidad ha despegado con las grandes empresas y el software de contabilidad avanzado, en tanto que los contadores ya no precisan recurrir a la contabilidad de doble entrada a mano. La evolución de las máquinas de sumar y las computadoras durante los últimos ciento cincuenta años ha alterado la naturaleza y la eficacia de las labores cada día de un contador. La contabilidad proseguirá siendo una corporación precisa en las compañías grandes y pequeñas, con nuevas tecnologías en el futuro próximo solo para progresar la eficacia y la calidad del trabajo contable producido.

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